Más vulnerable agricultura de temporal ante cambio climático - Imagen Agropecuaria

Más vulnerable agricultura de temporal ante cambio climático

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Detalla que entre los daños a la actividad agrícola que ya se tienen reportados están la sequía del verano; el retraso en las lluvias durante este periodo en 2005 resultó en una caída de más de 13 por ciento en la agro-producción del país; 167,235 personas fueron afectadas por los impactos de la sequía; la superficie de cultivos dañada fue de 668 mil hectáreas, y los costos totales de la sequía ascendieron a 778.6 millones de pesos. 

El fenómeno de El Niño de 1997 causó pérdidas en el sector de casi 1,500 millones de pesos. El costo total de los impactos de los huracanes Emily, Stan y Wilma en el sector ascendió a 4,049 millones de pesos y fueron afectadas 422 mil hectáreas de cultivos.

Algunas estimaciones sugieren que el pago de seguros agrícolas a cultivos de temporal en un año puede alcanzar hasta 100 millones de pesos por retrasos en las lluvias, como sucedió en 2005, lo cual resulta insuficiente para responder a los desastres climáticos en el sector.

El análisis del INE indica que además las prácticas de la agricultura tradicional “resultan en desastre ante extremos en el clima debido a: pérdidas de suelo fértil, falta de apoyos al campo, migración y envejecimiento de los campesinos, pobre aprovechamiento de información climática, falta de mercados e incremento en costos de insumos”.

Precisa que la producción del maíz no se ha incrementado desde 1994 y que en ello también incidirán las sequías asociadas a eventos de El Niño. “Las prácticas de agricultura de temporal y de riego por gravedad resultan altamente afectadas por condiciones extremas en el clima.”

El organismo refiere que los escenarios para 2020 muestran una reducción moderada de las zonas de aptitud para cultivo del maíz principalmente en Sonora. Para 2050 los resultados de los modelos climáticos indican un cambio de aptitud entre 5 y 29 por ciento del territorio.

De acuerdo con proyecciones para 2030, la sobreexplotación de acuíferos llevará a que los distritos de riesgo dejen de ser económicamente viables ante los costos de bombeo para riego.

Frente a esto, el INE recomienda iniciar un programa de recuperación de suelos, esquemas de captación de agua de lluvia y riego por goteo, invernaderos con agricultura orgánica, programas de comercialización, apoyos oficiales al campo, sistemas de información climática, seguros agrícolas y hacer cambios de variedad de cultivos de temporal.

Otras acciones están encaminadas a la recuperación parcial de la vegetación en zonas agropecuarias, dado que el cambio de uso del suelo en zonas forestales con fines agropecuarios, así como el uso de los pastizales naturales y matorrales xerófilos para la ganadería extensiva, son las causas principales de la deforestación, el deterioro de la cobertura de vegetación, la pérdida de la biodiversidad y la erosión del suelo.

La creciente demanda de agua, especialmente de la agricultura, y la posibilidad de contaminación por la intensificación industrial de ésta, llevan a plantearse la necesidad de identificar los daños por contaminación del acuífero.

Las futuras ganancias del sector agrícola deberían considerar en forma directa a la compensación por la reducción de las áreas de producción agrícola como resultado de la intrusión salina, la degradación del suelo y el agotamiento de la disponibilidad o acceso a los recursos hídricos (aguas subterráneas y acuíferos), el mayor acceso (o su restricción) al agua por parte de los grupos rurales de menores recursos y más vulnerables para su propia subsistencia, la generación de sistemas de producción agrícola más ricos o su pérdida derivada de las monoculturas exportadoras y las estricciones del agua para otros usos, incluyendo los usos ambientales.