Sólo 3 mil empresas agroalimentarias beneficiadas con el TLCAN - Imagen Agropecuaria

Sólo 3 mil empresas agroalimentarias beneficiadas con el TLCAN

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  • “México es un gigante agroexportador cuyas importaciones agroalimentarias rebasan cada año los 20 mil millones de dólares”, expertos.

El gobierno federal exalta una y otra vez los logros de México con la exportación de 29 mil millones de dólares (mdd) en productos agroalimentarios, principalmente hacia los Estados Unidos, donde se colocan 78 por ciento de éstos. Sin embargo, es el sector donde el abismo y las asimetrías entre pequeños y grandes productores o empresas está más abierto o distante, ya que sólo 3 mil empresas degustan el “pastel” que representan las agroexportaciones.

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha abierto aún más este abismo si se considera que de los 6 millones de productores del agro mexicano, 4.5 millones son pequeños y mediados, quienes pese a sus limitaciones y carencias contribuyen a abasto alimentario del país.

Desde la óptica oficial, nuestro país aparece como una potencia alimentaria, ya que en 2016 alcanzó una balanza agropecuaria superavitaria, gracias a las exportaciones de cerveza, tomate fresco, aguacate, tequila, azúcar de caña y berries, principalmente, y es el 12avo productor de alimentos del mundo. Sin embargo, México presenta graves niveles de dependencia en granos básicos, oleaginosas, leche en polvo, carnes y frutas de clima templado.

“México es un gigante agroexportador cuyas importaciones agroalimentarias rebasan cada año los 20 mil millones de dólares”, señalan los expertos de la Universidad Autónoma Chapingo (UACH) César Adrián Ramírez Miranda, Bernardino Mata García, Manuel Ángel Gómez Cruz, Rafael Ortega Paczka, Tayde Morales Santos, Rita Schwetessius y Renato Zárate Baños, bajo la coordinación de José Sergio Barrales Domínguez, José Luis Romo Lozano y Otilio García Munguía.

Frente al éxito logrado por un puñado de agroindustriales de la cerveza y el tequila, productores y empacadores de hortalizas y frutas tropicales de exportación, importadores de carnes, granos, frutas e insumos, se encuentra la ruina de los pequeños y medianos productores maiceros, soyeros, sorgueros, trigueros, frijoleros, arroceros, paperos, algodoneros, manzaneros, porcicultores y ganaderos, que son la gran mayoría de los productores del país. Ese es el saldo del TLCAN”.

En el análisis Posicionamiento de la UACH frente a la eventual renegociación del TLCAN, señalan que entre los perdedores del TLCAN se ubican también los consumidores urbanos, ya que el maíz importado desde Estados Unidos es de menor calidad para la elaboración de tortillas y la apertura comercial nunca se tradujo en precios más bajos para las familias urbanas y rurales.

Reflexiona sobre el hecho de que en el ámbito agropecuario el TLCAN “fue concebido como elemento central de una política de Estado dirigida a convertir a México en una potencia agroexportadora bajo el comando de las corporaciones transnacionales, aun a costa de la pérdida de la soberanía alimentaria y de la ruina de la producción campesina, expresada en el aumento de la emigración y la disminución de la superficie cultivada de maíz”.

Esta política de Estado –explica– incluyó el desmantelamiento del sistema público de apoyos a la producción alimentaria y la reforma del marco jurídico, dando lugar a una caída generalizada de la rentabilidad en el sector, excepto para un grupo reducido de agroexportadores hortofrutícolas, entre los que destacan las corporaciones extranjeras cuyas ganancias salen del país.

El texto apunta que “la grave dependencia alimentaria, el aumento de la pobreza en el campo y la emigración son las principales consecuencias de la política de Estado que desde hace tres décadas ha buscado hacer a un lado a la agricultura campesina e indígena”.

Dichos tres flagelos –continúa– abonan al debilitamiento del tejido social e institucional en el campo mexicano y han resultado funcionales para la reproducción de un status quo basado en relaciones clientelares y asistenciales, erosionando la capacidad productiva y autogestiva de ejidos y comunidades”.

Hace hincapié en que “el creciente desempleo en el campo y el hecho de que la agricultura no aparezca como un modo de vida digno a los ojos de los jóvenes rurales no es ajeno a este proceso y conforma un ambiente favorable para las actividades de la delincuencia organizada a lo largo y ancho del país, cuyas operaciones en divisas se estiman en el orden de los 64 mil millones de dólares”.