Con boleto pagado, butacas llenas, entre silbidos, algunos sombreros, abucheos, aplausos y consignas, unos 10 mil campesinos --según los organizadores--, aglutinados en el lugar presenciaron el espectáculo político “La Transformación y Modernización del Sector Agrario en México”, puesta en escena por el Congreso Agrario Permanente (CAP), al que fueron convidados cuatro secretarios de Estado, el de Gobernación, Fernando Gómez Mont, con la representación del Presidente; el de Agricultura, Francisco Mayorga; el de Sedesol, Heriberto Félix; y el de Economía, Gerardo Ruiz Mateos.
Ahí estaban los líderes campesinos. Hablando del hundimiento del campo mexicano, de la miseria de las comunidades rurales, del olvido, de lo “jodido” que están los campesinos, al igual que México. Nunca se aludieron como corresponsables.
En uno de los brazos que se extiende a un costados del auditorio, en la zona de palcos, los reporteros no paraban de mirarse y hasta hacer expresiones de desaprobación ante el desfile de discursos de los líderes que se asumían como próceres de la honestidad en el marco del 21 aniversario del CAP donde, por supuesto, se aludió al Bicentenario del inicio de la Independencia Nacional y el Centenario del comienzo de la Revolución Mexicana, movimiento donde participó la masa campesina en 1910.
Primer acto. Los líderes a escena:
Sale Humberto Serrano –dirigente de la Confederación Agrarista Mexicana, quien presume haber invadido más tierra que el subcomandante Marcos. Dice que se requiere una nueva Reforma Agraria, más fortalecida y eficaz. Reclama que 80 por ciento de los recursos para el agro se los lleva la iniciativa privada y que a nosotros no nos queda ni un 20 por ciento. Y pide: “equidad en el reparto del presupuesto”.
“No venimos por migajas, ni por limosnas, sino por lo que nos corresponde”, lo secunda José Durán Vera –líder de la Unión Campesina Democrática, organización destacada en legalizar autos chocolate.
Otro reclamo que hace es transformar el Procampo, porque no podemos permitir que caciques, gobernantes, legisladores y narcotraficantes se lleven el 80 por ciento de los recursos del programa.
(El moderador presenta a Gómez Mont, quien recibe abucheos y una serie de chiflidos altisonantes mezclados con aplausos).
Juan Leyva Mendívil, dirigente de la Alianza Campesina del Noroeste, quien con sombrero bien portado, que luce en las dos pantallas gigantes ubicadas a los costados del escenario principal, afirma: “el CAP sí representa a los campesinos”. Gana la atención del auditorio cuando asegura: “aquí no habemos líderes campesinos corruptos”, ante la mirada incrédula de algunos presentes y algunos murmullos irónicos que merodean en el ambiente.
La lideresa campesina del Consejo Nacional de Sociedades y Unidades con Campesinos y Colonos, Guadalupe Martínez, muy asociada con el color blanquiazul, con voz gradilocuente y arrastrando las palabras, dice que la política hacia el sector tiene que ser revisada y parodiando el Programa Especial Concurrente señala que “muchas de las secretarías no concurren”.
El espectáculo mayor llega cuando Álvaro López Ríos, dirigente de la UNTA, recuerda el pacto de las organizaciones campesinas con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari para reformar el 27 constitucional y se escucha una tremenda rechifla. Pierde el rumbo de su discurso, habla de los hechos violentos de Palestina a manos de Israel, de las maletas de Calderón para ir al Mundial de Sudáfrica… trata de retomar el hilo y se pierde hasta concluir con más pena que gloria.
Por último, el actual coordinador del CAP, José Luis Aguilera, primero priista y ahora converso al panismo, apunta que la SRA necesita más recursos, que su modelo actual es insuficiente. Añade que no puede haber desarrollo rural sin actividades productivas y éstas no son posibles sin financiamiento, por lo que insiste en el fondo de 100 millones de pesos para proyectos estratégicos, petición antes hecha por Ignacio Irys Salomón –dirigente de Coduc.
Las organizaciones campesinas, dice, no son el problema sino la solución. En ese tenor manda un mensaje a Felipe Calderón, a quien ofrece diálogo y colaboración.
Segundo acto. Los secretarios enseñan sus tablas.
Gómez Mont desactiva la inquietud de los presentes al hacer extensivo el mensaje de Felipe Calderón, en el sentido de trabajar de cerca con el CAP, porque “son mujeres y hombres que representan al campo mexicano”.
“Las organizaciones campesinas son indispensables en la toma de decisiones de las políticas públicas”, asegura el funcionario. Después añade que las respuestas que el agro requiere deben venir de los hombres y de las mujeres del campo.
Reconoce la labor de las organizaciones, con la que es posible articular preocupaciones y propuestas de millones de mexicanos y, por ello, procuramos un acercamiento real con éstas. Pero, matiza: “no para reproducir prácticas corporativas, sino para buscar soluciones incluyentes; no para que los recursos públicos permitan mantener una estructura de privilegios que beneficie a unos cuantos, sino para vigilar que sean motor para el crecimiento de muchos”.
En este tenor, afirma que en el campo mexicano “no sólo debemos ver una deuda histórica y una justa reivindicación, sino también un enorme potencial”.
El secretario de Desarrollo Social, Heriberto Félix Guerra, sale bien librado al reconocer que uno de cada cinco mexicanos padece pobreza y 12.6 millones están en pobreza alimentaria, por lo que llamó a seguir cerrando está gran brecha. Consideró necesario convertir las zonas rurales en áreas generadoras de riqueza, de alto desarrollo y prosperidad.
Francisco Mayorga, conciso en su discurso, aseveró que se necesita que las organizaciones propicien el uso rentable de las superficies y la capitalización de los apoyos que sus agremiados reciben.
El reto –añadió-- es lograr la autonomía financiera de los proyectos productivos para dirigir así más recursos fiscales hacia la inversión en bienes públicos, como infraestructura, sanidad, investigación y desarrollo, capacitación, promoción de mercados.
El secretario de la Reforma Agraria, Abelardo Escobar Prieto, coincidió con las organizaciones en la necesidad de avanzar en una nueva etapa de la reforma agraria, sustentada en la organización y capacitación para la producción en ejidos y comunidades. Considero que para ello se requieren cambios en las formas y las visiones de las políticas públicas hacia el agro.
Recordó que desde la reforma al artículo 27 constitucional de 1992 en materia agraria, se han resuelto los conflictos agrarios más graves y violentos que dejaron sus huellas en las luchas agrarias, pues en la presente administración se han solucionado 544 conflictos, lo que equivale a uno cada 48 horas.
Discursos y cifras; tampoco nada nuevo.
Tercer acto. El público se impacienta.
Durante la puesta en escena del aniversario del CAP, el público mostró su impaciencia ante la espera, ya que tanto los seguidores de las organizaciones como los medios de comunicación fueron citados hora y media antes del evento; luego escucharon los discursos de los innumerables dirigentes campesinos y de los funcionarios públicos.
Cinco horas duró la puesta en escena. Impaciente el público rechifló, aplaudió, abucheó, lanzó consignas de sus organizaciones y el tradicional: ¡Zapata Vive…la lucha sigue!
En este escenario, nadie escapó a las rechiflas, que quedaron resonando en el ambiente. El Auditorio Nacional quedó vacío y listo para los siguientes espectáculos de los próximos días que ofrecerán los cantantes Reyli y Jenny Rivera…