Salvador Fernández Rivera, coordinador de Investigación, Innovación y Vinculación del organismo, indicó que de un presupuesto de un poco más de mil 100 millones de pesos de la institución, el año pasado por recursos externos, participando en proyectos, “debimos haber andado alrededor de los 500, por arriba de los 400 millones de pesos”. Los convenios se establecieron con fundaciones Produce estatales, los fondos sectoriales o del Conacyt y con el sector privado.
Lo que ocurre –expone en entrevista-- es que el presupuesto destinado a instituciones de investigación empieza a dirigirse a cubrir fundamentalmente lo que serían gastos de sueldo, mantenimiento, infraestructura, laboratorios o centros de investigación.
“La solución a esto es diversificar nuestras fuentes de financiamiento, depender del presupuesto fiscal para atender problemas importantes para el país, y luego ver que sectores de las cadenas productivas pueden contribuir a la investigación, asociarse con el sector privado para hacer algunas investigaciones que sean de interés para ellos”, remarca.
Destaca que INIFAP en años anteriores ha aumentado en forma considerable su capacidad para atraer recursos que no vengan del presupuesto fiscal. De hecho, con el BID, la institución está buscando una forma de financiamiento, que aún no se concreta.
El doctor Salvador Fernández refirió que al cambiar los esquemas de financiamiento en todo el mundo se crearon mecanismos competitivos, fondos que son por competencia, no se le da a una institución el recurso para que haga lo que quiera, sino hay una demanda específica. Esto tiene la ventaja de que mejorar la calidad, se organiza mejor la investigación y se dirige a productos muy específicos; la desventaja es que puede haber otros que, siendo importantes, no se reflejen en esas convocatorias y que el país entonces las empiece a descuidar.
Un caso de éxito de asociación con el sector privado, donde éste contribuye de manera importante a financiar la investigación es el de la cebada maltera. Así, toda la cerveza que se produce en México es a partir de variedades que fueron generadas en el INIFAP, donde se beneficia toda la cadena productiva, se generan empleos y se exporta la bebida.
Nosotros –explica Salvador Fernández-- generamos las variedades, producimos la semilla original, hacemos un convenio con el sector privado y ellos se encargan de producir la semilla, que luego distribuyen a miles de productores. Hay más de 300 mil hectáreas de cebada que están siendo plantadas de esta manera.
Por otro lado, mencionó que la mayor parte del trigo que se consume en pasta, está siendo producido con variedades que fueron generadas con el trabajo conjunto de CIMMYT y del INIFAP.
Maíz
Al referirse a la dependencia del exterior que tiene México en maíz para uso pecuario, recordó que hay naciones mejor posicionados porque desarrollaron una estrategia para hacerlo y, como en el caso de Estados Unidos tienen condiciones naturales más adecuadas y un potencial más alto que nuestro país. Además, cuenta con tecnología y ha invertido bastante en investigación, tanto el sector público como el privado. Por otro lado, hay inequidades en lo que son subsidios a través de combustibles, a través de maquinaria, electricidad, insumos.
Sin embargo, afirma, “hay forma de revertir el problema, por un lado generando más tecnologías, invirtiendo más en ciencia y tecnología y, por otro, encontrando el camino a través de los programas federales y estatales de desarrollo del campo para que esos productos se canalicen”.
El doctor Salvador Fernández considera que si en las décadas de los cincuenta o sesenta hubiéramos invertido más en mejoramiento de maíz, en lugar de pagar de 2 mil a 3 mil pesos por una bolsa de semilla de maíz, estuviéramos pagando alrededor de 500 pesos, lo que nos cuesta la que produce el INIFAP.
Hizo referencia a que existen países como Japón y algunos países del norte de Europa, lo que están invirtiendo más en ciencia y tecnología, que destinan alrededor del 3 por ciento de su producto interno bruto a este rubro; México invierte 0.4, pero si vemos únicamente la parte agropecuaria a lo mejor no es tan bajo.
25 años del INIFAP
Este año INIFAP cumplen 25 años, cuando se fundó había una población de unos 2 mil 300 investigadores; ahora somos un poco menos de la mitad, aproximadamente mil 150, y algunos de ellos están dedicados a la transferencia de tecnología, detalla el coordinador de Investigación, Innovación y Vinculación del organismo.
A partir de la fusión que se dio para crear el INIFAP, a finales de los años setenta u ochenta, el país vivió una crisis económica muy fuerte, se tomaron medidas para disminuir el gasto, disminuyó el personal de la institución y cuando los investigadores se iban jubilando esas plazas se perdían. Esto ocurrió en muchas instituciones.
En paralelo en otros países, como Brasil, las instituciones estuvieron invirtiendo más y en el periodo que nosotros redujimos el número de investigadores en el INIFAP, otros lo aumentaron, lo duplicaron, remarca Fernández Rivera.
El gobierno brasileño apoya mucho la investigación, pero hay muy buenos ejemplos donde es apoyada directamente por las cadenas productivas: en Canadá por cada tonelada de frijol que se venda por hectárea hay cierta cantidad de recursos para investigación; en Colombia por cada tonelada de plátano o café que se produce hay una cantidad fija de recursos. Este tipo de mecanismos no los tenemos todavía en México, manifiesta.
No obstante, INIFAP tiene fortalezas, por ejemplo, posee el mayor número de registros y número de títulos de obtentor; es fuerte en el manejo de recursos naturales, producción sustentable de alimentos y, recientemente, hemos tenido un equipo muy fuerte de investigadores que están monitoreando el clima y están usando la tecnología más avanzada; el grupo que trabaja en sanidad animal también está reconocido en el ámbito mundial.
Al abordar el tema de la trasferencia de tecnología, el funcionario del INIFAP, recordó que en la década de los setenta y principio de los años ochenta había todo un esquema en esta materia, estaba el servicio de extensión agrícola que desapareció hace 30 años.
A partir de esto, continuó, se tenía la expectativa de que el sector privado iba remplazar este servicio y creo que no estábamos preparados para hacerlo, que por ahí hubo una “laguna” o hubo varios años en los que el servicio de extensión agrícola pues estaba un poco descuidado. Se empezó a fomentar la introducción de consultorías, profesionistas trabajando a nivel privado, pero también teníamos muchos productores no tenían la capacidad de hacer estos servicios.
Lo anterior, remarcó, ha ido cambiando, parte de esa responsabilidad se le fue pasando poco a poco al INIFAP, ahora en nuestro mandato debemos promover la innovación; también hay un sector privado que provee servicios y productos, que es más competitivo, más preparado, y en cada estado estamos más organizados todos los prestadores de servicios profesionales, todos los técnicos.
La asistencia técnica –anotó-- ya no es únicamente una función del gobierno como era antes, sino que tenemos más instancias, más instituciones responsables de todo esto.
En la estrategia de INIFAP por un lado se está trabajando con el sector público en programas federales de apoyo para mejorar las intervenciones que se hagan, capacitando a los productores; con el sector privado, en productos que son susceptibles de comercializar, por ejemplo, variedades de maíz, hay trasnacionales que están interviniendo, pero también pequeñas empresas y, en lugar de que nosotros compitamos con ellos vendiendo semilla, buscamos proveer el material genético para que ellos produzcan la semilla, capacitarlos y que se fortalezcan.
Generar bienes sociales
En México tenemos una población rural que representa 25 por ciento de la población del país, de los cuales alrededor del 15 por ciento están en la producción de alimentos, pero en ese sector está la mayor cantidad de gente pobre del país y también una gran cantidad que trabaja, aunque los ingresos no sean altos.
Por eso, si queremos resolver ese problema de pobreza tiene que ser fortaleciendo a la base de conocimientos de tecnología, para que estos sectores participen en los mercados de productos, servicios, y que de ahí entonces venga el mejoramiento de la calidad de vida, asevera el funcionario del INIFAP.
En este sentido, aseguró que deben de tomarse en cuenta los diferentes tipos de productores, los que están muy vinculados al mercado, que tienen acceso a conocimientos y tecnologías, los que exportan o atienden la demanda interna, y una gran cantidad de productores muy pequeños desvinculados del mercado o con un vinculo débil. Tenemos que entender cuáles son las necesidades de cada uno de éstos y cómo podemos fortalecer sus oportunidades.
El punto principal es que para generar esas soluciones algo que debe ser condición es que si la sociedad invierte un peso en el INIFAP, éste le debe retribuir a la sociedad mucho más que eso, si no, no tiene caso. El trabajo que nosotros hacemos debe, de alguna manera, reflejarse en un bien social. Somos una institución pública, dependemos de los recursos de los impuestos, y cualquier inversión que haga la sociedad a través de su gobierno en el instituto, nosotros les debemos regresar más de lo que recibimos, subrayó Salvador Fernández.
Agregó que en algunos casos esos productos van a ser muy tangibles, puede ser una variedad; maíz, trigo, arroz o una vacuna; puede ser algo que nosotros podemos canalizar a través de un sector de la cadena y que vaya a beneficiar a la sociedad de una u otra manera.