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Nopales y magueyes silvestres contra cambio climático

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En regiones donde las condiciones de suelo y clima impiden la producción de cultivos tradicionales como maíz u hortalizas, es necesario voltear a la naturaleza de los ecosistemas y aprovechar lo que crece de forma silvestre en los campos.

En la región del Valle del Cofre de Perote, en los límites de los estados de Puebla y Veracruz, hay un gran deterioro ambiental ocasionado por la deforestación. Ello, sumado a las condiciones de alta salinidad de los suelos, las heladas de hasta 20 grados bajo cero y los largos periodos de estiaje. Todo complica la producción agrícola de cultivos ajenos a la vegetación nativa.

Nos dimos cuenta de que lo único que resistía a las heladas y a la falta de agua eran los nopales y los magueyes silvestres, comenta entusiasmada, Luz Minerva Mendoza, quien junto con otros tres integrantes de su familia decidieron emprender un proyecto productivo en un terreno de 170 hectáreas que se encontraba ocioso.

Decidimos aprovechar lo que la naturaleza puso ahí, es decir, nopales y magueyes, subraya.

Hace varias décadas podíamos sembrar unas cien hectáreas de cebada y se obtenían buenas cosechas, la gente podría vivir del campo y con buenos ingresos, pero las condiciones climatológicas lo cambiaron todo. Ahora ya no sabemos cuando va a llover ni cuando va a helar, por eso volteamos hacia la vegetación nativa.

Con tecnología desarrollada por el Instituto de Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y validada por la Comisión Nacional Forestal (Conafor), comenzamos a instaurar un sembradío formal de magueyes pulqueros, que luego de terminar el periodo de maduración de las plantas, nos permitirá obtener una producción de un millón de litros anuales de aguamiel.

Nuestro objetivo es consolidar una empresa comercializadora del aguamiel puro y de otros productos derivados de éste.

Estamos a la mitad del camino, vamos en el año cuatro de la maduración de los magueyes, pero la clave está en no abandonar el proyecto, por el contrario, tenemos que redoblar esfuerzos, continuar con el cuidado de las plantas y escombrarlas; porque los magueyes con un mayor número de pencas son los que tienen mayor vitalidad y producen más aguamiel.

Muchas veces hemos pensado que no hicimos bien las cosas, porque a 12 años de que surgió la idea de este proyecto, no podemos afirmar que vivamos exclusivamente del cultivo. Sin embargo, los paso que hemos dado están bien cimentados, asegura enfática.

Con el apoyo económico de la Conafor, que otorgó un monto de alrededor de 160 mil pesos, gracias a la validación de su proyecto productivo y de conservación, pudieron recibir asesoría técnica y capacitación para echar a andar la plantación y habilitar un pequeño vivero destinado a la reproducción de las plántulas.

Mientras llegamos al octavo año de maduración del cultivo, generamos ingresos a través de la extracción de aguamiel de los ejemplares que crecieron de manera silvestre en el predio y de otros que se incorporaron en un principio. El producto que obtenemos lo utilizamos para dos propósitos, uno es para la producción de semilla y el otro, para producción de aguamiel.

En cuanto al aguamiel, explica Minerva Mendoza López, representante legal de la empresa Alter Agro, la transformamos en varios productos, como el pulque que demandan los habitantes de la localidad; así como la elaboración artesanal de cajeta endulzada con miel de agave, que ya comercializan en ferias, expos y tiendas naturistas de la región.

La leche para la preparación del producto se obtiene de la ordeña de un pequeño hato caprino de la misma familia.

Confía plenamente en que la sustentabilidad es fundamental para el éxito del proyecto agroempresarial, ya que si se continúa con el deterioro ambiental, no quedará nada que producir ni de que vivir en la región. Otro objetivo de la familia, como de las autoridades de Conafor, refiere Luz Minerva, es replicar el proyecto y transferir la tecnología con los ejidatarios de la comunidad.