¿MasAgro o Menosagro? - Imagen Agropecuaria

¿MasAgro o Menosagro?

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Para algunos el MasAgro generará más rendimiento, más rentabilidad, más ingreso para el productor y más beneficio ambiental; para otros es algo menos: un programa con buenas intenciones, errores de construcción y metas improbables de cumplirse.

El programa Modernización Sustentable de la Agricultura Tradicional (MasAgro), que impulsan en forma conjunta la Sagarpa y el CIMMYT, presentado oficialmente en el año 2011, es el “legado” para el campo del gobierno panista. Nació con el objetivo de apoyar a pequeños productores, mediante variedades mejoradas de maíz y trigo, el uso de la agricultura de conservación y otras tecnologías encaminadas a incrementar rendimientos e ingresos y reducir costos, riesgos e impacto ambiental.

Masagro tiene el objetivo elevar rendimiento de maíz en zonas de temporal de 2.9 a 3.7 toneladas por hectárea (ha) y el de trigo subirlo de 5.5 a 6 millones por ha. La meta en 10 años es agregar de 5 a 9 millones de toneladas a la producción nacional de maíz y aumentar 650 mil toneladas la producción de trigo.

Sin embargo, para los investigadores Antonio Turrent Fernández y Timothy Wise, es improbable que el Masagro logre las metas de incrementar la producción, dado su bajo nivel de inversión, la resistencia de agricultores a adoptar semillas híbridas y a que los suelos en zonas serranas no son aptos para practicar la agricultura de conservación,

Dicha iniciativa –argumentan– cuenta con un presupuesto de 138 millones de dólares para un período de 10 años, es decir, casi 14 millones de dólares anuales, que aun cuando fuera el doble, representaría una inversión de sólo 1.50 a 2.80 dólares por año por tonelada adicional de maíz; y la inversión requerida para incrementar la producción de una pequeña unidad de producción, tendría que ser mayor.

En su análisis Factibilidad de alcanzar el potencial productivo de maíz en México, reconocen que al menos en papel, MasAgro se enfoca al sector correcto de productores y se compromete a mejoras loables en el manejo de recursos naturales, “pero es improbable que lo logre”, dado que, en parte, su presupuesto es demasiado pequeño para crear los tipos de incrementos en la producción prometidos.

Por su parte, Bram Govaerts, líder del componente Desarrollo Sustentable con el productor del MasAgro, aclara que no es un programa de subsidios, ya que los costos para mantener un módulo de producción son aportados por el productor, “Masagro no regala nada, ninguna tecnología es regalada”, por el contrario, el agricultor invierte tiempo y riesgo, pero es de ahí donde sale su ganancia.

Detalla que MasAgro apoya al productor con un técnico, lo acerca a puntos donde distribuyen maquinaria adecuada para su región o donde puede vender su grano, pero el agricultor va a tener que comprar semilla mejorada, aunque existen programas de gobierno que otorgan descuentos; no queremos eliminar que haya compañías nacionales que vendan semillas a precio justo. Queremos que los productores sean competitivos y negocios que estén invirtiendo en agricultura. El costo de investigación y desarrollo de semillas lo absorbe MasAgro.

En entrevista, Timothy Wise, director de Políticas de investigación del Instituto para el desarrollo global y el ambiente de la Universidad de Tufts, afirma que se trata de “un programa con buenas intenciones, pero con errores de construcción y un presupuesto muy bajo”, además la semilla mejorada no es apta para las condiciones de los pequeños agricultores y tiene un costo, mientras las razas nativas no les cuestan y son adaptables al clima, incluso a la sequía.

Wise y Turrent exponen que los pequeños productores se han rehusado a adoptar semillas híbridas a pesar de los muchos incentivos del gobierno y que la adopción de variedades mejoradas de maíz ha permanecido en 30 por ciento, lo que sugiere que podría haberse alcanzado su límite.

“MasAgro promete que hay un nuevo conjunto de híbridos de maíz desarrollados mediante tecnologías más avanzadas, que serán más adecuados para los productores que los anteriores. Sin embargo, parece improbable que esas nuevas variedades mejoradas superen los obstáculos de mayores riesgos y costos asociados a su adopción, y desplacen a los maíces nativos manejados por los pequeños productores”, subrayan.

Al respecto, Bram Govaerts apunta que hay zonas donde los híbridos se han aplicado con éxito, pero “ningún BMW funciona en terracería”, por lo que se requiere una semilla mejorada adaptada a cada una de las zonas; las compañías grandes no van a generarlas, porque sólo se pueden usar en zonas demasiadas confinadas, pequeñas.

El programa –remarca– no se trata de aplicación de híbridos, sino de desarrollo de sistemas de producción, donde el agricultor aplica agricultura de conservación, biofertilizantes y aprovecha la fertilidad de terreno y la semilla puede ser una variedad mejorada o un criollo. El MasAgro no quiere forzar al productor a cambiar algo que no quiere, lo que hace es acercar opciones, recalca.

Por otra parte, remarca Wise, la estrategia de desarrollar la agricultura de conservación, que es excelente, tiene problemas específicos por la compactación de suelo que existe en ladera, por lo que en vez de protegerlo lo erosiona. En su análisis anota que “la compactación del suelo que se asocia con el no laboreo crea un ambiente en el que los maíces nativos fallan debido a su baja resistencia al acame y su débil sistema radicular”.

La agricultura de conservación implica el no laboreo o laboreo mínimo, dejar residuos de cosecha en el campo, y rotaciones largas de cultivo, “prácticas que han sido exitosas en unidades grandes y mecanizadas, en terrenos planos o en lomeríos someros, pero son problemáticas para los pequeños productores de ladera”. Además, el manejo del suelo sin laboreo, demanda equipamiento con mayor potencia para penetrar el suelo durante la siembra, que no está al alcance del pequeño productor.

Turrent Fernández, también presidente de la Unión de científicos comprometidos con la sociedad, anota que paradójicamente los esfuerzos de MasAgro en promover la agricultura de conservación serían muy bienvenidos y necesitados en las unidades grandes de producción, en las que sus prácticas no son bien aplicadas y los recursos se conservan de manera deficiente.

Al respecto, Govaerts expone que la invención de dejar rastrojos es contrarrestar la erosión, no digo que lo resuelve al 100 por ciento, por eso hay que poner barreras como árboles frutales. Es correcto que la aplicación de esto ha sido exitoso en países como Argentina, pero también con agricultores pequeños como en Etiopía. “En este negocio no hay dogmas”, subraya.

En el marco del primer informe de actividades del MasAgro, Bram explicó que los productores de Valles Altos lograron 33 por ciento más de rendimiento, en promedio, y aumentaron 54 por ciento sus ingresos al adoptar este programa.

En zonas de riego –anotó– a lo mejor no aumentó el rendimiento, pero sí la rentabilidad, porque se disminuye el costo de producción; en Chiapas aun cuando aumenta el costo de producción, crece la rentabilidad del 12 a 16 por ciento.

Durante este evento, la Sagarpa informó que en marzo pasado, la Fundación Bill & Melinda Gates describió a MasAgro como “el programa más original existente hasta el momento orientado a la agricultura más frágil a nivel mundial”.

Extensionismo participativo

Turrent y Wise proponen retomar experiencias como el Proyecto Estratégico para Altos Rendimientos de Maíz (Proemar), basado en extensionismo participativo para pequeñas y medianas unidades de producción, en tierra desde mediana hasta alta calidad bajo temporal, a partir del 2008, que involucran análisis de suelo y la aplicación precisa de fertilizante.

Dicho programa es parte del Programa para maíz y frijol (Promaf) ejecutado principalmente en el sur del país, que contempla el incremento en la densidad de población, un mejor uso de semillas y de biofertilizantes, con lo cual se incrementó la producción de maíz en 3.3 millones de toneladas y la de frijol en 80 mil toneladas en el período 2007-2009.

Los rendimientos promedio de maíz aumentaron 35 por ciento y fueron desde 3.3 ton/ha hasta 4.5 ton/ha, según fuentes de Sagarpa (2010), citadas por el análisis.

En Guerrero, por ejemplo, se alcanzó un aumento del 70 por ciento con técnicas tradicionales, por lo que produjeron desde 3.1 ton/ha hasta 5.3 ton/ha, con sólo un incremento del 17 por ciento en los costos de producción, pero con ganancias 65 por ciento superiores.

El estudió concluye que “es posible incrementar significativamente la producción de maíz en unidades de producción pequeñas y medianas de temporal, en pocos ciclos, usando maíces nativos y con acceso limitado a tecnología avanzada, de manera que se mejore la conservación de los recursos, y sin la introducción de maíces transgénicos y ni siquiera nuevos híbridos”.