Pecuario y Pesquero

Ante alza de precio, necesario apoyo a lechería familiar

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Detenido

En este momento de crisis que vive la industria lechera nacional donde los precios del lacticinio por diversas causas se han disparado en el mercado internacional – pasaron de 2,300 dólares por tonelada de leche descremada en polvo en marzo de 2006 a más de 4,000 dólares en abril de 2007- lo cual afecta principalmente a LICONSA, ya que durante años se benefició de los bajos precios en el mercado internacional para importar grandes cantidades de leche descremada en polvo, que luego usa para reconstituirla en leche fluida y venderla a precios subsidiados a la población de bajos ingresos.

LICONSA funciona como un oligopsonio, ya que es el principal comprador mexicano en el mercado internacional, de las importaciones totales de leche en polvo cerca del 60 por ciento corresponden a la paraestatal y el resto a diversos agentes de la industria privada.

Es comprensible entonces que ante este escenario en el que la leche ya no es “barata” en el mundo, el principal afectado es LICONSA. Requiere por lo tanto volver los ojos hacia los productores nacionales y buscar la leche que necesita en el mercado interno, y para ello precisa ampliar su base de proveedores domésticos.

En estas nuevas circunstancias vale la pena mirar hacia un sector de la ganadería lechera nacional que por décadas ha sido prácticamente olvidado: la lechería familiar, pero que sin embargo, al estar sustentado en el trabajo de la familia ha sido más o menos estable en el tiempo. Según diversas fuentes este segmento aporta alrededor del 30 por ciento del volumen nacional. Los hatos tienden a ser muy pequeños, ya que los establos con 10 vacas en producción o menos, pueden representar desde el 30 hasta el 90 por ciento del total de unidades de producción presentes en una comunidad.

Ante el comportamiento de los precios internacionales la misma LICONSA considera que es necesario aplicar una serie de estrategias encaminadas a aumentar la producción y el hato ganadero nacional, que le permitan incrementar su base de proveedores y disponer de un mayor volumen doméstico, éstas se podrían resumir en: mejorar rendimientos, incorporar a nuevos ganaderos, y aumentar el número de vacas por establo en los ya existentes. En esta perspectiva la lechería familiar podría jugar un papel fundamental en el futuro cercano.

Sin embargo, para crear nuevos establos que sean permanentes en el tiempo, o para aumentar el tamaño de los que ya existen, se requiere discutir cuál debería ser el tamaño mínimo de producción para ubicarse como un sistema rentable. Por ese motivo se realizó una investigación en una comunidad del estado de Puebla, la cual tiene aproximadamente 65 años de tradición lechera, y su característica principal son hatos pequeños.

La gráfica muestra cual es el punto de equilibrio, es decir, el tamaño mínimo del establo para recuperar costos y empezar a obtener ganancias. Los costos también incluyen la depreciación del ganado y la mano de obra familiar. Los resultados muestran que en el ámbito de la investigación este punto se alcanza con 15 vacas en producción.

Por lo tanto, la recomendación para los que elaboran las políticas públicas, es que los establos nuevos de lechería familiar que se creen en el futuro (promovidos por LICONSA y/o SAGARPA) o los que ya existen, deben ser mayores a 15 vacas en ordeña para que puedan mantenerse en la actividad, y los ganaderos puedan acceder por lo menos al autoempleo. Unidades de producción menores corren el riesgo de desaparecer, con la consecuente pérdida y desperdicio de recursos públicos y privados que ello implica.

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