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Árboles de navidad, mercado con mucha luz

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De acuerdo con David Cibrián Tovar, investigador de la división de ciencias forestales de la Universidad Autónoma Chapingo (Uach), las perspectivas a futuro de los árboles de navidad son amplias, pues a medida que el poder adquisitivo y la población sigan creciendo, crecerá también la demanda de este producto.

Actualmente nuestro país consume más de 2 millones de árboles al año, demanda que en su mayoría se encuentra cubierta por las importaciones provenientes de los Estados Unidos y Canadá.

Cada año México importa cerca de 1 millón 600 mil árboles de navidad para satisfacer dicha demanda, ya que el grueso de la producción nacional únicamente alcanza las 650 mil unidades, según datos de la Comisión Nacional Forestal (Conafor).

El mercado más importante para los árboles de navidad se localiza en el Distrito Federal, donde se vende el 60 por ciento de los árboles tanto nacionales como de importación; en segundo lugar se encuentra Monterrey donde se consume alrededor del 8 por ciento; después Guadalajara con un 5 por ciento mientras que Puebla vende aproximadamente un 3 por ciento, indica un estudio realizado por la Fundación Mexicana para la Investigación Agropecuaria y Forestal (FUMIAF).

Desde hace 7 años, las plantaciones de árboles de navidad en nuestro país han ido en aumento; tan sólo el Estado de México, considerada la entidad líder por tener una superficie plantada de 2 mil hectáreas de árboles de navidad, cuenta con una asociación conformada por 70 productores que sumados a los que se encuentran en Veracruz, Puebla, Distrito Federal, Tlaxcala, Nuevo León, conforman una gran cifra.

En entrevista con imagenagropecuaria.com, Cibrián Tovar, también responsable del laboratorio de parasitología forestal de la Uach, exhortó a las empresas dedicadas a la importación de árboles de navidad en nuestro país, conocer todo sobre las plagas y enfermedades que los afectan para que no importen árboles contaminados; sobre todo cuando en Estados Unidos existe un riesgo sanitario en las plantaciones.

A decir del investigador, la reducción en la demanda de árboles de navidad naturales en aquél país, ocasiona que un gran número de pinos se quede en las plantaciones por más tiempo y se eleven los costos al productor, mismos que al tratar de minimizarlos ponen en riesgo los procesos de control sanitario.

Para el experto, la reciente introducción a México de árboles contaminados por el tizón suizo, un hongo que limita la producción de árboles al provocar la caída prematura de las hojas e incluso la defoliación completa, no implica un grave riesgo para los productores nacionales, ya que es una patógeno que compartimos con Estados Unidos y Canadá y el cual es completamente manejable.

Dicho hongo, “tendría importancia cuarentenaria si se tratara de una cepa que afectara únicamente a los árboles de Estados Unidos y Canadá y que no compartiéramos en México; como la mosquita agalladora, plaga importante que afecta las plantaciones de pinos en el oeste de los Estados Unidos. En ese caso tendríamos que tener un cuidado extremo en los puertos de entrada para evitar su arribo a nuestro país ya que representaría una amenaza para los productores nacionales”, refirió Cibrián Tovar.

“Hemos hecho estudios para determinar el comportamiento del hongo. Los resultados señalan que principalmente se propaga por el vivero; cuando un vivero está infectado, el productor, si no está suficientemente capacitado para reconocer el hongo, lleva el problema a las plantaciones forestales en el momento de transportar los árboles de un lugar a otro”, explicó.

Si el productor no se percata de la presencia del hongo en sus plantaciones, después de 2 o 3 años y en cuestión de semanas, puede perder hasta el 90 por ciento de sus árboles, aseguró el experto.

Es por eso que, la prevención es la manera más eficaz de controlar el hongo, pues cuando está presente en la plantación costaría combatirlo hasta el 30 por ciento del valor del árbol, el cual oscila entre 250 y 350 pesos. Actualmente, en el laboratorio de parasitología forestal de la Uach se está generando una estrategia de control biológico -con otro hongo- para contrarrestarlo; pero mientras no esté lista la única manera de combatirlo es el control químico, “un fungicida que se aplica cada tres semanas, tres o cuatro veces, en el momento que las esporas están saliendo, para proteger el follaje que se va formando”, comentó Cibrián Tovar.

La presencia del hongo puede reconocerse cuando en la parte baja de las acículas aparecen hileras de puntos negros (estructuras de reproducción del hongo), mismos que cubren cada uno de los estomas (puntos de respiración) de la hoja, detalló el especialista.

Abeto Douglas, especie competitiva

Las especies de mayor cultivo en nuestro país son: el Pinus ayacahuite, también conocido como pino Vikingo y la Pseudotsuga macrolepis, identificada con el nombre de Abeto Douglas.

La Pseudotsuga macrolepis, especie nativa de México que crece de manera natural en los estados de Hidalgo, Tlaxcala y Veracruz, ha sido promovida durante los últimos años entre los productores mexicanos como sustituta del Pinus ayacahuite; porque a diferencia de ésta última permite su transportación en grandes cantidades dentro de contenedores a largas distancias para abastecer los centros comerciales, sin resultar dañada.

Por su parte, el Pino Vikingo no puede ser manejado en grandes volúmenes debido a que se maltrata con facilidad por ser muy sensible; el mejor sistema de manejo para éste tipo de árboles se conoce como “escoja y corte”, donde cada persona va a la plantación, elige su árbol, lo corta y lo transporta de uno en  uno.

Para Cibrián Tovar, dicha estrategia es adecuada pero tiene sus limitantes; una de ellas es que el productor no tiene la posibilidad de enviar trailers cargados de árboles de navidad a los centros comerciales. Por esa razón –asegura- se dieron a la tarea de buscar una especie que pudiera remplazar al Pinus ayacahuite y fuera incorporada en los proyectos de inversión de los productores mexicanos.

El especialista en ciencias forestales, relató que al principio fue complicado recolectar la Pseudotsuga macrolepis (Abeto Douglas), debido a que es una especie en peligro de extinción, “sólo quedan pequeñas poblaciones; por ello consideramos que darle el valor como árbol de navidad, motivará a que la gente lo cuide y se pueda recuperar ésta especie. Así, recomendamos a los productores interesados en ella, comprar terrenos en las zonas nativas para producir las semillas que abastezcan a los demás agricultores”.

Para crecer, el Abeto Douglas, requiere de una condición templada, un invierno frío, una precipitación pluvial que rebase los 800 milímetros al año; suelos ácidos y arenosos con buen drenaje y una pendiente moderada, refirió el experto.

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