Granja de camarón, engorda el bolsillo
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Detenido
Dice un refrán que, cuando estos crustáceos toman una siesta, el agua los arrastra; las granjas de acuacultura del municipio de San Fernando, al norte de Tamaulipas, se mantienen muy despiertas y en crecimiento, lo que les ha garantizado un negocio estable a pesar de los vaivenes económicos.
La producción de esta granjas es de aproximadamente 200 toneladas y, con la tecnificación, se espera que aumente a 300 toneladas por año.
La ventaja de una granja de engorda de camarón es que tenemos tallas uniformes; no como en la laguna que hay chiquitos, largos, medianos, donde además se maltratan al ser capturados, destacó Marta Alicia Salinas Jiménez, directora de administración y finanzas del proyecto.
El camarón se procesa de acuerdo a la necesidad del cliente, ya sea para coctel, crudo o descabezado. “Para la producción final se ha planeado procesar el producto descabezado y empacado en cajas de cinco libras (alrededor de 2.3 kilo) para los Estados Unidos”.
Este proyecto genera más de 45 empleos directos, más los eventuales durante el ciclo de producción. Además, se prepara y se capacita personal para crear mano de obra especializada en la región.
Queremos crecer en el norte de Tamaulipas y en todo el estado con técnicas de cultivo intensivo e incrementar la producción por unidad de área, aseveró Salinas Jiménez.
Sobre todo, agregó, nos interesa el reconocimiento internacional del camarón producido en las granjas tamaulipecas, lo que ayudará también a “buscar nuevos mercados con nuevas opciones de comercialización a través de dar un valor agregado a nuestro producto de acuerdo a la necesidad del cliente”.
También se trabaja en el desarrollo de una planta procesadora de mariscos que cumpla con todas las normas sanitarias y ambientales para contar con certificado para la exportación.
El impacto ambiental de las granjas se mantiene al mínimo, “ya que se tiene un control absoluto del sistema en el tiempo que se opera, y se toman medidas extremas de bioseguridad”, minimizando los factores adversos a la conservación del equilibrio natural, acota Marta Alicia.
La granja
La primera granja de este tipo instalada en la zona inició en 2006, en los terrenos de lo que fuera un rancho ganadero, donde se construyeron diez estanques, cada uno con una superficie de tres hectáreas.
Ubicada a 47 kilómetros de la cabecera municipal, junto a la Laguna Madre, el proyecto inició con recursos propios de seis socios; en 2007 recibió un apoyo por 3 millones de pesos del programa gubernamental Alianza para el Campo.
La granja incluye un canal de un kilómetro de largo que jala agua de la Laguna Madre, después sigue el cárcamo de bombeo, que impulsa el agua hasta una altura de aproximadamente 10 metros y, finalmente, el canal de llenado hacia los diez estanques. Es muy importante para el momento de la cosecha que los diferentes pisos de la estanquería tengan un desnivel de 1.20 metros de entrada por 1.80 metros de salida, lo que permita al agua fluir.
Antes y tras 30 horas de viaje las larvas llegan en camiones desde el Océano Pacífico a la granja, donde pasan por un baño sanitario y posteriormente son revisados para ver en qué condiciones vienen y luego de verificar que están bien, se pasa al proceso de aclimatación. Esto debido a que la salinidad y la temperatura del agua con la que llegan los organismos son distintas a la existente en los estanques, lo que evita que haya mortandad y que se estresen las larvas. Esto puede tardar hasta doce horas.
Una vez sembrado el producto, sigue la alimentación –por la mañana, al mediodía y en la noche- con un producto “hecho a base de aceite y harina de pescado, con el 40 por ciento de proteínas”
Cada semana se realiza una biometría, que permite medir el aumento en el peso de los camarones y llevar un control. Con esto también se descubre si los estanques comienzan a saturarse, lo que implica que hay que hacer cosechas parciales para sacar camarones y dejar espacio a los demás para seguir creciendo. El producto de estas cosechas parciales se comercializa y se vende principalmente en Chiapas, el Distrito Federal y en las ciudades de Monterrey, Guadalajara y Mazatlán.
Cuando las treinta hectáreas de espejos de agua están llenas, se realiza el proceso de engorda, que incluye aclimatación y siembra de larva, alimentación, manejo del agua, control de oxígeno, salinidad, pH, la turbidez y temperatura; posteriormente viene la cosecha, proceso y empaque, y comercialización del producto con valor agregado.
Tras 210 días de engorda, las compuertas de los estanques se abren y, debido al desnivel, el agua sale “impresionantemente rápido”, lo que permite una cosecha de hasta 100 kilo por minuto. Se les transporta a la misma tina donde fueron aclimatados y se les sacrifica por hipotermia con agua-hielo para que el producto no se maltrate y no se deshidrate y tenga buena calidad.
Posteriormente, se pesa un registro de la producción, lo que permite ver cuánto se engordó al producto inicial y deja estimar las ganancias de la granja.



