La falta de inversión, de investigación e infraestructura tiene estancada la actividad en el país. En el año 2008, México se ubicó en el lugar 16 de la lista de naciones con mayor producción de productos del mar, por debajo de Perú, Noruega, Chile, Islandia, Corea del Sur, Japón y Vietnam, que tienen menor superficie para la pesca.Otro factor que impide el desarrollo de la actividad en el mercado interno es el bajo consumo per cápita de pescados y mariscos. Los mexicanos destinan sólo 2.5 por ciento de su gasto en alimentos para la adquisición de productos pesqueros y de acuacultura.El pescado es una excelente fuente de proteína y destaca también por su alto contenido de ácidos grasos polinsaturados. Este tipo de grasas ayudan a combatir las tendencias a la obesidad, explica Víctor Arriaga Haro, director general de organización y fomento de la Comisión Nacional de Pesca (Conapesca), en su presentación durante el XI foro del Sistema de Investigación Agroalimentaria y Pesquera (SIAP).Además, por sus bajas calorías y por su excelencia nutricional, el consumo de productos pesqueros, aunado al aumento de la actividad física y vida sana ayudan a prevenir el síndrome metabólico, que tienen a México como el primer lugar en el mundo en obesidad infantil.Una campaña intensiva de promoción del consumo de pescados y mariscos contribuiría de manera sustancial a combatir esa enfermedad.Propuesta de recuperación de la actividadDe acuerdo con Arriaga Haro, el Instituto Nacional de Pesca (Inapesca) debería tener un presupuesto acorde a las necesidades del sector y autonomía para ejercerlo, porque esta institución contribuye de forma notable en la investigación y diseño de estrategias para el desarrollo del sector.El sistema de inocuidad debe cubrir todos los aspectos, desde la captura o cosecha, el procesamiento y la distribución de los productos conforme a normas sanitarias internacionales, para estar en condiciones de procesar y agregar el valor a los productos pesqueros y acuícolas, subraya.En el difícil entorno económico la pesca y acuacultura son de las pocas actividades que siguen proporcionando alimentos de la mejor calidad para toda la población, generando empleos y divisas, pero que requiere del establecimiento de políticas públicas que a largo plazo permitan se consolide la actividad pesquera y acuícola.La revolución azul deberá privilegiar el cuidado del medio ambiente, atender la demanda de alimentación, la creación de empleo y la generación de divisas que el país requiere, todo esto a través de la pesca y la acuacultura.Con la creación de la Secretaría de Pesca en el año 1982, la producción pasó de las 536 mil toneladas que se obtuvieron en 1975 a 1 millón de toneladas en 1981 y a partir de entonces está estancada, señala Víctor Arriaga.Sin embargo, dicha dependencia desapareció en 1992, ello significó una reducción sustancial de presupuesto, falta de desarrollo sostenido de la actividad, estancamiento de la producción, pérdida de competitividad en los mercados y rezagos en todas las pesquerías, agrega.Con la caída del gasto público para la pesca y acuacultura, la flota de embarcaciones mayores se estancó y, por otra parte la adquisición de barcos pequeños creció de forma importante, al pasar de 71 mil 641 en 1995, a 166 mil 800 en 2008.El número de empresas procesadoras de productos del mar se redujeron de 410 en 1990 a 340 en 2008, con ellas las personas ocupadas en el sector también se contrajo. Cabe señalar que por cada empleo directo en la pesca dependen 9 indirectos, refiere el funcionario.