Confían trasnacionales en liberación comercial de maíz transgénico antes de finalizar el sexenio
Alejandro Monteagudo, director general de AgroBio México, asociación que representa los intereses de las compañías promotoras del uso de transgénicos para la producción agrícola, confía en se otorguen las primeras concesiones para la libración comercial de maíz genéticamente modificado en el país a finales de este año.
Los seis permisos para la siembra de dicho cultivo en fase piloto asignados, a finales del año 2011, a las empresas Monsanto, Dow AgroSciences de México y PHI México, en Sinaloa y Tamaulipas avanzan en tiempo y forma, permitirán generar la información necesaria para sustentar la liberación de los primeros permisos para la comercialización de dicho producto, argumentó.
Monteagudo destacó que los ensayos en la fase experimental ya demostraron la eficacia biológica, la equivalencia agronómica y el beneficio en términos de costo-beneficio, tanto económico como ambiental de maíz Bt -resistente a glifosato e insectos-, por lo que, si bien son reducidas las áreas que les fueron autorizadas para la siembra del cultivo en fase piloto, creemos que podemos obtener la información para sustentar los beneficios de la biotecnología.
En las próximas semanas –confió– es probable que se autoricen otros permisos para la siembra en fase piloto de maíz genéticamente modificado en Chihuahua y la Comarca Lagunera, puesto que aún están pendientes siete de las 13 solicitudes que presentaron empresas agremiadas en AgroBio México ante el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica).
El director general de AgroBio México detalló que dependiendo de la región y fecha en que se emitan los permisos para las siembras piloto se podrán llevar a cabo o no los ensayos en el próximo ciclo primavera-verano. Si salen tarde, tendrán que aplazarse los experimentos y por consecuencia, la liberación comercial de esos materiales podría presentarse hasta el 2013.
Impactos de la biotecnología
Clive James, fundador y director del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-biotecnológicas (ISAAA por sus siglas en inglés), aseveró que los cultivos transgénicos representan una serie de beneficios que coadyuvarían al alivio de la pobreza y a garantizar la seguridad alimentaria. Renunciar a ellos, significa renunciar a esos beneficios, subrayó.
Descartó la posibilidad de que se generé un monopolio en la comercialización de este tipo de materiales, “porque a lo largo de estos últimos años ha crecido la participación de instituciones de investigación del sector público, no sólo en México, sino en Brasil, China e India, que están apostando por la generación de sus propias tecnologías.
Estamos un proceso de equilibrio en la participación entre compañías transnacionales ye instituciones del sector público. Todas las inversiones en biotecnología en China son de la academia de ciencias agrícolas de aquel país, no participan empresas transnacionales. Tenemos que fomentar el desarrollo en ambos lados para que haya una competencia sana y que los productores sean los beneficiarios.
El director del ISAAA sugirió que se tienen que fomentar el uso de los métodos convencionales, como es el potencial de adaptación de los materiales criollos; junto con los aportes de la biotecnología, que permite gestionar de manera más eficaz el control de plagas y malezas. No se debe escoger uno u otro, se tienen que utilizar ambos, insistió.
México ha sembrado algodón BT desde 1996 y hasta la fecha, y junto con el cultivo de soya transgénica, le ha significado a los productores ganancias por 120 millones de dólares, por la reducción en el número de aplicaciones de pesticidas y herbicidas y el incremento en la productividad. Tan sólo en 2011 las ganancias por el uso de la biotecnología fueron de 20 millones de dólares, enfatizó.
Si se incrementa la superficie de siembra con cultivos modificados genéticamente para alcanzar la autosuficiencia en algodón del país, se obtendrían beneficios por 40 o 50 millones de dólares. Si no se usa esta tecnología esos beneficios se perderían. Ese el costo de no apostar por los transgénicos aseveró Clive James.