Política Agrícola

Extensionismo: el “patito feo” del agro mexicano

Extensionismo agrícola

En el sector rural, en general, no se valora la asistencia técnica ni el conocimiento como herramienta de cambio y desarrollo, reflexiona Horacio Santoyo Cortés, director del Centro de Investigaciones Económicas, Sociales y Tecnológicas de la Agroindustria y la Agricultura Mundial (CIESTAAM), de la Universidad Autónoma Chapingo.

Por ejemplo, si a un producto le das a escoger entre una semana de capacitación y asistencia técnica con un profesional altamente capacitado o la entrega de tres costales de fertilizante, su respuesta será: ponme los costales en la camioneta, comenta con ironía.

De acuerdo con un estudio de la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE) en México apenas entre 3 y 10 por ciento de las explotaciones agrícolas cuentan con servicios de extensión.

Y es que en México se valora más políticamente la entrega de tractores que el brindar asistencia técnica. Todos están dispuestos a aceptar un tractor, a pesar de que no te sirve para incrementa la producción, pero todo el mundo lo agradece, subraya Horacio Santoyo.

Con el conocimiento de causa que le da el haber sido director general de Servicios Profesionales para el Desarrollo Rural de la Sagarpa de 2001 a 2009, expone que contrario a lo que se cree, los productores agrícolas de México necesitan asistencia técnica y capacitación, no tanto activos productivos. Considera que primero habrá que utilizar de mejor forma lo que está disponible y luego pensar en solicitar más.

A los productores y dueños de empresas rurales no les hace falta cambiar sus vacas o comprar un tractor, lo que necesitan es aprender mejores formas de realizar su actividad productiva. Conocen muy poco a sus clientes, tienen muy pocos registros, poca eficiencia en sus procesos y fallas administrativas.

Tras hacer un recorrido por la política de fomento y extensionismo agropecuario, que con la llamada revolución verde culminó en la casi desaparición de los 25 mil extensionistas con los que contaba el Estado, Santoyo Cortés anota que en los noventa se buscó hacer más eficiente el presupuesto y se apostó por el pago por servicio a los técnicos, cuya asistencia se otorgaría sólo a solicitud de los productores. No obstante, en el campo la gente no demanda asistencia técnica.

La asistencia técnica continúa muy focalizada en atender a los productores de baja escala y de autoconsumo, y no tanto a los que tienen potencial de comercializar y generar empleos.

El experto puntualiza que se tiene que replantear a qué productores y a qué regiones se va a focalizar la asistencia técnica, puesto que es imposible atender a todo el universo de unidades de producción. Además, destaca, te da mejores resultados apoyar a un productor mediano con potencial de desarrollo, que a cien “chiquitos”. La asistencia tiene que ser inductiva.

Cita que analistas internacionales señalan que la salida agropecuaria de la pobreza rural es elitista, es decir, para poder salir de ésta como agricultor, tienes que tener cierta cantidad de recursos, de lo contrario la salida no es a través de la actividad agropecuaria, sino multifuncional, a través de la migración o las transferencias, por ejemplo.

Así, la asistencia técnica tiene que verse como un instrumento de fomento productivo, de fomento económico, no como un instrumento de combate a la pobreza. Tiene que estar focalizada a quienes tienen viabilidad y otros sectores deben recibir otro tipo de apoyos del Estado.

Hay un mito falso de que la asistencia técnica tiene que estar dirigida a todos los pequeños productores, pero no es lo mismo asistir a un productor apícola que tiene 30 colmenas y que se dedica a esa actividad sólo de medio tiempo y no le interesa, porque obtiene otros ingresos en otras actividades no agropecuarias; que asistir a un productor con 300 colmenas más dedicado y con interés en invertir.

En Chile, por ejemplo, para que el estado brinde asistencia técnica a un agricultor pequeño, debe comprobar que por lo menos el 50 por ciento de su ingreso proviene de su actividad agropecuaria.

Ejemplo de éxito

Los productores se quejan mucho de las reglas, pero primero es muy importante que tengan claro qué quieren hacer y a dónde quieren llegar, ya que con las mismas reglas se puede obtener resultados.

El doctor Santoyo, junto con su equipo, desarrolló un proyecto en Guerrero para incrementar rendimientos en la producción de maíz para ganado. Con las reglas de operación existentes se consiguieron muy buenos resultados, gracias a la continuidad de cuatro años en el proyecto, el pago a tiempo de los técnicos y la focalización en el desarrollo de capacidades, y no la gestión de insumos.

Además se contó con soporte técnico para los prestadores de servicios profesionales, donde participaron la Universidad Autónoma Chapingo, el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) y del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP).

En este caso se lograron rendimientos de más de seis toneladas por hectárea, gracias a la coordinación interinstitucional y la continuidad del proyecto. La entrega a tiempo de los recursos es una decisión política. De qué sirve que los técnicos lleguen a dar asistencia técnica cuando el maíz está sembrado, puntualiza Santoyo Cortés, si 90 por ciento del rendimiento se determina previo a la siembra: al decidir la variedad que se va a sembrar, la preparación del suelo y la nutrición del cultivo.

Respalda la postura de que 90 por ciento de los problemas que enfrenta la productividad y el desarrollo agropecuario, se resuelven con bienes públicos, es decir, con asistencia técnica, sanidad, inocuidad y capacitación. El otro 10 por ciento con bienes privados, activos, precios, mercados. Sin embargo, el presupuesto se gasta a la inversa, 90 por ciento a bienes privados y el resto a capacitación.

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