Campo Libre

Madres privadas de su libertad

En México, la discriminación en razón de género que viven a diario las mujeres, tiene impactos en el libre desarrollo de su personalidad. No obstante, una de las caras más amargas de dicha discriminación la viven las mujeres que son madres y que se encuentran en conflicto con la ley penal. Para ellas, el castigo se multiplica con base a prejuicios y roles de género y en la mayoría de los casos, sus hijas e hijos también sufren las consecuencias.

Las mujeres que son madres en situación de reclusión quedan con un estigma que termina comúnmente, por aislarlas de sus vínculos afectivos más cercanos, como la familia o pareja, y sufren abandono en prisión; a pesar de estas circunstancias, se espera de ellas sigan cumpliendo con el rol de madres. Frente a estas adversidades, deben buscar opciones que proporcionen el mejor desarrollo posible para sus hijas e hijos, aunque dichas opciones sean muy escasas, según declaró una mujer entrevistada en Hidalgo. 

Según la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad, visto en el Informe Proequidad, la mayoría de las mujeres, arriba de un 80% en promedio en cuatro estados de la república, son madres. De esa misma cifra, no obstante, 60% de sus hijos son menores de 18 años. Esto quiere decir que, a diferencia del caso de los padres, donde cae poca o nula responsabilidad parental en caso de estar privados de libertad, la tutela sigue siendo su responsabilidad y, en la mayoría de los casos, ellas representan el único soporte económico y social de los niños.

El hecho de que hasta en la cárcel deba cuidar de sus hijos, hacen la vida en prisión genéricamente opresiva para las mujeres y para su prole”, escribió Marcela Lagarde en el estudio Los cautiverios de las mujeres . “El castigo a la madre es siempre el castigo a los hijos”.

Esto se ejemplifica en un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en el que se pueden ver cómo ciertos estados simplemente no pueden o no buscan atender las necesidades de las madres privadas de libertad. En el estado de Baja California, por ejemplo, no hay condiciones aptas para que los hijos menores de tres años puedan vivir con sus madres, por lo que, después de su embarazo, deben separarse de sus hijos. En otros estados, los hijos e hijas que pueden quedarse con sus madres no tienen acceso a alimentación apropiada para su desarrollo, atención médica y psicológica o educación escolar alguna. 

En las reglas de Bangkok de la ONU está contemplado que “el régimen penitenciario permitirá reaccionar con flexibilidad ante las mujeres embarazadas, lactantes y mujeres con hijos, se habilitarán servicios o disposiciones para el cuidado del niño”. Sin embargo, la realidad de los centros de reinserción social del país aún dista mucho de cumplir con los estándares internacionales.
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Desde AsiLegal hacemos un llamado enérgico a las autoridades del sistema penitenciario y corresponsables con la reinserción social, con el objeto de que garanticen condiciones dignas para las mujeres privadas de libertad con énfasis en las mujeres que son madres y viven con sus hijas e hijos dentro de las prisiones de México.

Fuente: Asistencia Legal por los Derechos Humanos

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