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212 ambientalistas fueron asesinados en 2019 en el mundo

Durante el 2019 fueron asesinados 212 defensores de la tierra y el medio ambiente, es decir en promedio cuatro por semana. A éstos se suman otros más que son silenciados con ataques violentos, arrestos, amenazas de muerte, violencia sexual o demandas judiciales.

De acuerdo con el estudio de la organización Global Witness, Defendiendo el mañana: La crisis climática y amenazas contra defensores de la tierra y el medio ambiente”, más de la mitad de los asesinatos reportados el año pasado ocurrieron en Colombia (64) y Filipinas (43).

México ocupa el cuarto lugar con 18 defensores de la tierra asesinados durante el año pasado, solo anteponiéndose Brasil con 24.

En América Latina ocurrieron dos tercios de los asesinatos y es el continente más afectado desde que Global Witness comenzó a publicar datos en 2012.

La minería es el sector más letal con 50 defensores asesinados en 2019. Más de la mitad de ellos provenían de comunidades afectadas por esta actividad en América Latina. Mientras que Filipinas fue el país con más asesinatos relacionados con este sector, registrando 16 muertes.

El informe también refiere que la tala ilegal fue donde de dio mayor aumento de asesinatos a nivel mundial desde 2018, con un incremento del 85 por ciento de ataques registrados en contra de defensores que se oponían a dicha industria.

 

La pandemia y el bloqueo impuesto a raíz del Covid-19 han intensificado los problemas que enfrentan las personas defensoras de la tierra y del medio ambiente.

Los gobiernos de todo el mundo, desde Estados Unidos. hasta Brasil y desde Colombia hasta Filipinas, han utilizado la crisis sanitaria para fortalecer medidas con el fin de controlar a sus ciudadanos y hacer retroceder las regulaciones medioambientales tan disputadas.

De acuerdo con los datos de Global Witness una cantidad significativa de personas defensoras de la tierra y del medio ambiente asesinadas pertenecen a comunidades indígenas, cuyas habilidades de gestión de la tierra y el agua son cruciales para combatir la crisis climática y la pérdida de biodiversidad.

Las investigaciones demuestran que las tierras gestionadas por indígenas tienen menores tasas de deforestación y mejores resultados de conservación que aquellas zonas de protección que los excluyen.

Sin embargo, las comunidades indígenas también son víctimas de un porcentaje desproporcionado de los ataques documentados. La inseguridad legal en su derecho a la tenencia de la tierra, las prácticas comerciales irresponsables y las políticas gubernamentales que priorizan las economías extractivas por sobre los derechos humanos están poniendo en riesgo a estas personas y sus tierras.

El documento refiere que se estima que las comunidades indígenas y locales tienen derecho sobre más de la mitad de la superficie terrestre del mundo, pero solo poseen el título legal del 10 por ciento.

Destaca que la crisis climática posiblemente sea la mayor amenaza existencial que enfrentamos hoy en día. A medida que se intensifica, exacerba muchos de los serios problemas vigentes en la actualidad. La desigualdad económica genera que las comunidades locales estén desproporcionadamente expuestas a la fuerza de las inundaciones e incendios, generando una desigualdad aún mayor.

A pesar de enfrentar situaciones de violencia, amenazas y actos de criminalización, en 2019 las comunidades de todo el mundo defendieron sus derechos, el medio ambiente y el clima global. Desde salvaguardar los bosques contra la exploración petrolera hasta asegurar los derechos de sus tierras ancestrales, su resistencia, fuerza y determinación continúan protegiendo nuestro planeta.

Global Witness señala es difícil captar con precisión la verdadera dimensión del problema, debido a que en algunos países se complica medir la situación a la que se enfrentan las personas defensoras, debido a que las restricciones a la libertad de prensa, así como la ausencia de registros gubernamentales y de la sociedad civil pueden dar lugar a un subregistro.

Las disputas por la tierra y el daño ambiental, dos de las principales causas subyacentes detrás del activismo de las comunidades, también pueden ser muy difíciles de monitorear en aquellas zonas del mundo que están siendo afectadas por conflictos.

 

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