Reestructurar sistemas educativos en ALyC para evitar una catástrofe generacional

Los sistemas educativos en América Latina y el Caribe viven una profunda “crisis silenciosa” y la pandemia del Covid-19 abre una oportunidad para repensar y reestructurar estos sistemas, para evitar una catástrofe generacional, coincidieron especialistas que participan en el Primer Seminario Regional de Desarrollo Social. Educación en América Latina y el Caribe: la crisis prolongada como una oportunidad de reestructuración, organizado por la Cepal
“La educación no ha estado en el centro del debate de la agenda de políticas públicas para abordar la crisis prolongada del Covid-19 y la recuperación en América Latina y el Caribe”, lamentó Alicia Bárcena en la apertura de evento. Esto, pese a que el 99% de las y los estudiantes de la región tuvieron, hasta mayo de este año, una interrupción total o parcial de al menos 40 semanas de clases presenciales, equivalentes a un año académico, debido a las medidas de control de la crisis sanitaria.
“Urge promover el regreso gradual y seguro a las escuelas, con una amplia coordinación con el sector salud. Volver a las escuelas es muy importante, especialmente, para los sectores más desfavorecidos. Las escuelas cumplen un rol de protección y monitoreo que va mucho más allá de los propósitos académicos, como sociabilidad y prevención de la violencia y salud”, enfatizó
“El impacto de la pandemia en niñas, niños, adolescentes y jóvenes ha sido multidimensional y desigual”, sostuvo Bárcena, e informó que más de 600 mil niñas, niños y adolescentes han perdido a sus cuidadores por causa de la pandemia.
Se estima que 3.1 millones de jóvenes, niñas y niños podrían abandonar la educación en la región por la crisis, y que más de 300 mil niñas, niños y adolescentes se podrían ver obligados a trabajar. También se prevé un aumento de la doble carga de malnutrición (desnutrición y sobrepeso) en la infancia, así como efectos negativos en la salud mental.
Bárcena llamó a “invertir en la educación para terminar con el circuito perverso de vulnerabilidad y exclusión” que afecta a niñas, niños y adolescentes en la región, y subrayó que la obligatoriedad ha sido un avance, pero esta por sí sola no garantiza el derecho a la educación. Hay que avanzar en calidad y en la universalización del acceso digital: 33% de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes (entre 5 y 20 años) de 10 países de la región vivían en hogares sin acceso a Internet en 2019.
“La educación no se resuelve solo en la educación, se requieren esfuerzos intersectoriales, vinculando la oferta formativa con las otras políticas de inclusión social y recuperación económica”, recalcó Bárcena. “Tenemos que definir acciones que atiendan la urgencia de esta crisis silenciosa, que aseguren el financiamiento requerido y el compromiso de todos los sectores. No podemos arriesgar una generación perdida”, concluyó.