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Con fibra natural del desierto tejen historia empresarial

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Cuando los plásticos sustituyeron a las fibras naturales, la actividad ixtlera se desplomó. Con la revaloración de éstas últimas resurge una actividad que prácticamente había desaparecido. Ahora, los productores buscan dar valor agregado a la fibra de ixtle –que se paga entre 13.50 y 14 pesos por kilo—, con la elaboración de diversos utensilios de uso personal e industrial

Así lo platica a Imagen Agropecuaria, la presidenta del consejo de administración de la Integradora Ixtleros de Coahuila, Irene Reyna Mendoza, mujer que se ha empecinado en cambiar la triste y, en algunos casos, trágica historia de los ixtleros coahuilenses.

De la fibra del ixtle se pueden hacer también cuerdas, peines, cepillos; se emplea en las industrias cepillera, acerera, del vidrio y del acero; los sobrantes (maraña) se usa para rellenar filtros de auto, colchones o sillones.

Como representante del ejido El Pilar de Richardson –donde hay 600 hectáreas sembradas con ixtle y aparte hay recolección–, Reyna Mendoza considera que la principal ganancia con esta actividad son los empleos generados en su comunidad, ya que en dicho ejido hay 200 productores en un lugar que tiene 600 habitantes.

Para comercializar sus productos la integradora tiene un convenio de asociación con la Compañía Nacional del Desierto en Matehuala, en San Luis Potosí, que envía  fibra para que la procesen las mujeres y que éstas entregan como tela; también el acuerdo establece la venta de productos terminados, ya que dicha compañía es exportadora.

Como representante del ejido Pilar de Richardson en el municipio de General Cepeda, Coahuila, donde la actividad principal de la gente es el ixtle, Irene Reyna recuerda que en el año 2000 enfrentaron una fuerte crisis, ya que el precio de la fibra pasó de11.50 o 12 pesos por kilo a cinco pesos. Trabajadores de las empresas Fibra de Santa Catarina, de Nuevo León y Fibra Saltillo, de Coahuila, les decían: ¡Si quieres, sino, no la compramos! Muchos ixtleros se fueron a la ciudad, pues la actividad ya no les era rentable y vivían sólo de eso.

A pesar de esto algunos siguieron trabajando el ixtle, salieron de esa crisis y empezaron a organizarse.  Buscaron recursos institucionales y la primera en apoyarlos fue la Secretaría de Economía, en el año 2001, con apoyo para aspectos organizativos; se constituyeron como Sociedad Anónima, crearon grupos de trabajo en cada uno de los ejidos de tres municipios, Saltillo, Pilar de Richardson y Ramos Arizpe. En julio de 2003 se constituyeron como empresa integradora para así poder bajar recursos y echar a andar el proyecto para aprovechar la fibra del agave lechuguilla  de forma sustentable.

Irene Reyna  dice que también se han conseguido apoyos para reforestar la zona, por ejemplo, en Pilar de Richarson se tienen reforestadas 400 hectáreas. Este paso es importante, porque anteriormente los productores sólo recolectaban los cogollos del agave.

Cambio de maquinaria

Los cogollos se colocaban en máquinas altamente peligrosas, ya que muchas personas se han quedado sin dedos, porque se los atrapa la máquina, que consta de dos ruedas de madera, que tienen clavos, por lo que al meter el cogollo o la penca hay estirones que hacen que te jalen la mano y muchos la han perdido,  expone Reyna Mendoza.

Algunos productores venden su producto a Fibra de Santa Catarina y Fibra Saltillo, que prestan la maquinaria a los ixtleros y éstos se ven obligados a vender su producto sólo a estas empresas.

Por eso se pensó en buscar otra forma de producir la fibra y también de concientizar a las personas de no sólo ir a sacar el cogollo, sino de procesar la fibra y hacer artesanías. Irene Reyna consiguió una beca para cuarenta personas de su comunidad, quienes mientras se estuvieron capacitando recibían ingresos.

Además, pare evitar que la maquina siga mutilando los dedos de los productores, Reyna Mendoza y otros ixtleros crearon un sistema de tallado mecanizado que mide alrededor de cinco metros de largo, los trabajadores echan los cogollos a un contenedor y, a un lado, sale la fibra. Es una maquina cero accidentes.

Fonaes los apoyó el año pasado con recursos económicos que se utilizaron para equipo e infraestructura –más de un millón quinientos mil pesos–, el otro apoyo fue para capital de trabajo.

En la empresa de Irene Reyna trabajan14 mujeres y tiene proyectado formar un equipo grande para realizar las sandalias y los sombreros, con lo que daría empleo a otras doce personas. Igual quiere producir insecticidas y jabones, que también se pueden  obtener de la raíz y desechos que contienen saponina. 

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