Comercializacion

Precios altos al consumidor, bajo ingreso al agricultor

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Detenido

Los productores agropecuarios, quienes aportan los alimentos que consumimos, no han visto reflejado en sus bolsillos el incremento exponencial que presenta sus productos en los puntos de venta para el consumidor final.

Cuando el limón alcanzó los 40 pesos por kilo, en verdulerías y tiendas de autoservicio, a finales de 2010, el productor recibió los mismos ocho pesos que le pagaron las empresas comercializadoras y bodegueras previo al incremento.

El representante del Sistema Producto Limón Mexicano, Sergio Ramírez Castañeda refirió en varias ocasiones que estos acaparadores, en su afán de hacerse de jugosas ganancias en el corto plazo juegan del lado de la especulación, generan un clima de incertidumbre en el debilitado mercado mexicano. De ahí la preocupación de los secretarios de Economía, Bruno Ferrari y de Agricultura (Sagarpa), Francisco Mayorga que intentaron frenar el alza en los precios con un llamado a no lucrar con la economía de las familias.

En el caso de los frijoles –alimento esencial de la dieta de muchas familias en México por su aporte proteico–, los productores reciben apenas 25 por ciento del valor final. Los intermediarios son quienes acaparan las mercancías y las ganancias.

El frijol se comercializa hasta en 25 pesos el kilo en tiendas de autoservicio, pero los campesinos sólo reciben 6 o 7 pesos, como refiere Jorge Benítez, productor zacatecano de frijol. Añade que por esa razón se ve orillado a desplazar su producto en ferias, mercados y convenciones donde puede recibir un poco más de dinero al venderlo por kilo.

Industrias prósperas y productores pobres

Álvaro González, presidente del Frente Nacional de Productores de Leche, explica que en su cadena productiva tienen identificados a varios intermediarios que incrementan el valor de la leche en 20 por ciento, lo que representa alrededor de dos pesos por litro.

Los acopiadores, quienes compran la leche a los pequeños productores en sus establos, los comercializadores y distribuidores son los principales intermediarios que provocan un incremento en el precio de la leche.

La leche tiene un costo de producción de 70 centavos y se le paga al productor en 4.16 pesos. En cambio, su valor en el mercado osciló en 5.02 pesos, esto se traduce en una pérdida de un peso para los pequeños productores.

Un litro de leche se vende al consumidor final en 13 pesos. Hay que considerar que ese producto lleva detrás un gasto de refinamiento, pasteurización y traslado; aún así el costo no es proporcional con el ingreso del productor.

La industria de las compañías procesadoras de leche, que compran a precios muy bajos los insumos, por una competencia desleal, agrega. También hace daño a la cadena de productores de leche, pues a raíz de que se liberó el precio de dicho producto la industria prefiere importar la leche, subsidiada en el lugar de origen.

Concluye que “por esa razón hay industrias tan prosperas y productores tan pobres.”

Los lecheros delinean una estrategia para comercializar su producto de forma directa, sin la necesidad de recurrir a intermediarios, para que las ganancias sean para los productores, agrega.

Por otra parte, la variedad de chile serrano, que alcanzó los 28 pesos en centrales de abasto del norte del país, como la de ciudad Juárez en la segunda quincena de diciembre de 2010, de acuerdo con datos del Sistema Nacional de Información de Mercados (SNIM) de la SE; se le pagó al productor hasta en 40 o 50 centavos por kilogramo.

En la Central de abasto de la ciudad de México el precio de este producto osciló  los 10 pesos, aún así el porcentaje que recibe el productor por su cosecha es de alrededor del 10 por ciento con respecto al valor final.

Esta inequidad a causado descontento entre los productores que se han pronunciado en repetidas ocasiones, como cuando acuden a la capital del país para regalar sus productos, porque dicen que es lo mismo que venderlos a las comercializadoras, reciben lo mismo. Casi nada.

Los costos de traslado de las mercancías y el incremento en las gasolinas alteran el valor de los productos que tiene que pagar le consumidor final, pero no son motivo para que los precios se disparen en forma exponencial.

El mismo secretario Ferrari señaló que el incremento paulatino en los combustibles no ha impactado ni en medio punto porcentual (0.5) el precio de los alimentos, así que el acaparamiento y la especulación son dos de los factores que causan daño a la cadena productiva y a la economía de los productores.

El precio de los alimentos y de las materias primas en general se incrementó de manera considerable en diciembre de 2010 y la primera quincena de enero de 2011. El panorama no es muy alentador, pues a pesar de que las autoridades del sector económico nacional estimaron que los costos se estabilizarán en los próximos meses, gracias a que el índice inflacionario del presente año es el más bajo de las últimas dos décadas, la realidad del mexicano común contrasta con los discursos oficialistas.

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