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SCJN respalda entornos alimentarios saludables en escuelas y universidades

Detenido

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) resolvió que los lineamientos para la preparación, distribución y venta de alimentos y bebidas en las escuelas del Sistema Educativo Nacional son compatibles con la Constitución. La resolución respalda la facultad de las autoridades educativas y sanitarias para regular la oferta alimentaria dentro de los planteles, con el objetivo de proteger la salud y promover una alimentación adecuada entre las comunidades educativas.

En su sesión del 13 de octubre, el Pleno precisó que estas disposiciones también pueden aplicarse en instituciones de educación media superior y superior. Aunque las y los estudiantes mayores de edad conservan la libertad de decidir qué consumir, el Estado mantiene la obligación de proteger su derecho a la salud y promover una alimentación adecuada en los espacios educativos.

“Las instituciones educativas tienen un papel fundamental en la construcción de hábitos alimentarios saludables. Esta responsabilidad no termina en la educación básica, las universidades también son espacios clave para garantizar que sus comunidades tengan acceso a opciones adecuadas y sostenibles. En esta etapa de la vida, transformar la oferta alimentaria puede contribuir al bienestar presente y futuro de miles de estudiantes”, señaló Sofía Ruiz Oldenbourg, gerente de Políticas Alimentarias de Alianza Alimentaria y Acción Climática.

El derecho a la alimentación adecuada y sostenible también se construye en las escuelas

La resolución reconoce la importancia de establecer reglas para los alimentos y bebidas disponibles en los planteles educativos, incluidas las restricciones a la venta y publicidad de productos con sellos o leyendas de advertencia. La Corte señaló que estos elementos permiten identificar productos con exceso de nutrimentos críticos y sirven como referencia para establecer medidas orientadas a promover entornos escolares saludables.

Para Alianza Alimentaria y Acción Climática, este criterio refuerza la importancia de abordar la alimentación desde los entornos en los que las personas estudian, trabajan y conviven. El acceso a opciones adecuadas y sostenibles no depende únicamente de decisiones individuales, pues también requiere que las instituciones asuman un papel activo en la construcción de entornos que favorezcan el bienestar y la salud de la población.

El sistema alimentario contribuye significativamente a las emisiones globales de gases de efecto invernadero y ejerce presión sobre recursos naturales como el agua y el suelo. Al mismo tiempo, los patrones de alimentación se relacionan con la salud pública y el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles, como la hipertensión y la diabetes. Estos desafíos refuerzan la necesidad de impulsar entornos que faciliten el acceso a opciones alimentarias saludables y de menor impacto ambiental.

“Desde Alianza Alimentaria y Acción Climática consideramos que el siguiente paso es avanzar hacia entornos alimentarios que, además de proteger la salud, incorporen criterios de sostenibilidad. En las universidades, esto significa revisar qué alimentos se ofrecen y cómo podemos reducir la huella hídrica, el uso de suelo y las emisiones asociadas a su producción. La alimentación es una herramienta para proteger a las comunidades y los recursos naturales de los que depende nuestro futuro”, afirmó Ruiz Oldenbourg.

Fuente: Alianza Alimentaria y Acción Climática

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