Durante su intervención en el foro-debate “Propuestas para un Modelo Económico para el Campo Mexicano”, organizado por el Senado de la República, Calva destacó que para que el sector agropecuario mexicana pueda acceder a un “nuevo ciclo largo de crecimiento acelerado y sostenido con equidad”, es necesario impulsar su dinámica productiva mediante cinco instrumentos fundamentales:1.- Precios de garantía. El especialista insistió sobre la necesidad de establecer este instrumento, que de hecho opera Sagarpa como ingreso objetivo, pero destina 80 por ciento de sus recursos a tres estados, Sinaloa, Tamaulipas y Sonora. Se trata, consideró, de beneficiar a los productores de todas las entidades y regiones del país y hacerlo extensivo a los productos agrícolas y pecuarios más importantes.Esto –agregó-- daría certidumbre a las inversiones agropecuarias sobre horizontes de planeación de largo plazo: porque si se tiene crédito, la única manera de tener certeza de que se pagará es saber que la producción será rentable.“De esta manera –enfatizó-- se asegurará a los productores rurales márgenes razonables de rentabilidad y en consecuencia posibilidades reales de capitalización, tecnificación y solvencia crediticia”.El también coordinador del Departamento de Análisis Macroeconómicos Prospectivos y de Coyuntura del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, recalcó que el sistema de precios de garantía no es un instrumento del pasado, sino del presente y futuro, que está en la Ley Agrícola de Estados Unidos, bajo el nombre de ingreso objetivo.2.-Programa de investigación y extensionismo. Al respecto José Luis Calva explicó que se trata de aprovechar toda la gama de tecnologías convencionales, alternativas y respetuosas del ambiente. La investigación –dijo-- debe acompañarse con programas de asistencia técnica para elevar la eficiencia macroeconómica de pequeñas y medianas granjas de producción. 3.-Inversión en infraestructura. El especialista dijo que es el incremento sustancial de recursos públicos para obras de infraestructura de irrigación --para aprovechar los recursos naturales del país—y de almacenaje.Recordó que estudios de Naciones Unidas muestran que con el mismo volumen de agua que se utiliza en determinada superficie de riego podría cosecharse el doble de productos, si rehabilitáramos y modernizáramos nuestro sistema de riego. Esto requiere inversión pública. En México tenemos un potencial de 10 millones de hectáreas de cultivo irrigado, y aprovechamos menos de seis millones, indicó Calva, también miembro del Sistema Nacional de Investigadores.4.- Crédito. El sector agropecuario mexicano –expuso el especialista-- requiere de un volumen adecuado de crédito fresco, como el que existe en Estados Unidos y en la Unión Europea, que no sólo está subsidiado, sino que va acompañado de un sistema de seguro también subsidiado, ya que la actividad agrícola es una actividad de riesgo.5.- Preservar empleos y fuentes de ingreso rural. En México tenemos cinco millones de familias campesinas, por lo que necesitamos una estrategia donde se preserven los empleos y las fuentes de ingresos rurales. Las evidencias empíricas internacionales indican que en igualdad de condiciones agroclimáticas y tecnológicas, la pequeña agricultura, una o dos hectáreas es tan eficiente como la gran explotación en términos de rendimiento de la tierra y rendimiento del capital. Números adversosEl doctor en Economía de la UNAM, dio algunas cifras que dimensionan lo que ocurre en el campo mexicano, donde el crecimiento agropecuario entre 1983 y 2007 ha sido de una tasa media de 1.5 por ciento anual.Las importaciones de alimentos pasaron de 1,790 millones de dólares, en 1982, a 15,984, en 2006; a 19,325, en 2007; y en 2008, superará los 25 mil millones de dólares. Para Calva el sector agropecuario puede contribuir al financiamiento del desarrollo, “tenemos en México los campesinos, los trabajadores, las tierras, el agua; tenemos con qué producir los 25 mil millones de dólares de alimentos que estamos importando, esto aliviaría presiones sobre nuestras cuentas externas y nos permitiría tener otra utilización para esas divisas”. Además, añadió, México puede seguir generando excedentes exportables, y la evidencia histórica nos indica que una agricultura fuerte para mercado interno no es incompatible con una fuerte también para exportación. Una función fundamental, subrayó, es que no podemos tener estabilidad de precios con garantía en el largo plazo, si esa seguridad alimentaria no se sustenta en producción interna.En este sentido, anotó que la seguridad alimentaria tiene que rescatarse como objetivo estratégico, ya que los mercados alimentarios internacionales figuran entre los más imperfectos del mundo, dominados por grandes corporaciones transnacionales y por gobiernos que subsidian su agricultura, no sólo para producir, sino también para comerciar en el mercado mundial.Resaltó los efectos multiplicadores de la actividad agropecuaria, por ejemplo, en Estados Unidos se calcula que este es de 4 y 4.5, eso significa que por cada dólar de alimentos que importamos, no sólo estamos enviando al exterior divisas que podíamos dedicar a otros sectores; sino estamos también remitiendo al exterior los empleos rurales y los ingresos de la población rural que pueden quedarse en el campo.En los programas de gobierno, apuntó José Luis Calva encontramos una enorme cantidad de buenas intenciones, pero no se dice cómo, cuándo y con qué; que es el punto clave, por lo que exhortó al Congreso de la Unión a centrarse en estas interrogantes.Por último, aseveró que se necesita una administración pública, un Poder Legislativo que piense en términos de políticas de Estado, acuerdos que nos permitan caminar en la misma dirección donde incluso -- como sucede en Estados Unidos-- cualquier partido de izquierda o derecha pueda entrar a gobernar, pero la política agropecuaria está amarrada y tiene objetivos claros.