En el campo de México hay una ineficiencia en la aplicación de subsidios muy grande, hay programas que son positivos, pero otros que son “regresivos e irracionales”, reflexiona el especialista Luis Gómez Oliver, consultor de la FAO.Por ejemplo, explica, el programa de Apoyos a la Comercialización se otorga para compensar costos de comercialización y poder ser competitivo frente a las importaciones; pero al año siguiente se vuelve a dar porque no se resolvió ningún problema, así es un subsidio que hace permanente la necesidad de darlo.Los peores subsidios –afirma el experto-- son los que están vinculados a precio o costo de insumos, el agricultor lo usa conforme le cuesta a él, no al país. Si el apoyo va a precios se falsean señales de mercado y se opta por producir lo que no conviene, en lugar y fecha inconveniente. Si los subsidios están vinculados a volumen de producción, ventas o extensión de tierra, “el que más vende, el que más produce o el que más tierra tiene, es el que más subsidio recibe; entonces son ineficientes y regresivos”.Entrevistado en el marco del foro Enfoque de las Políticas Agroalimentarias en un Escenario de Crisis Económica Global, organizado por la SHCP, Sagarpa y la AMSDA, el especialista Luis Gómez Oliver puntualizó que los subsidios deben ser temporales y contemplar medidas que lleguen a la causa del problema, direccionados a beneficio social, tanto a condiciones de vida como a aspectos productivos, siempre y cuando cumplan con la condición de temporalidad.El tiempo de duración de los subsidios dependerá de cada caso, pero lo importante es que se establezcan tiempos de salida y se complemente con otras medidas como capacitación, acceso a activos productivos, que van a la causa, dependerá de la efectividad de las medidas complementarias, subrayó Gómez Olivier.Aclaró que no es quitar el apoyo de un momento a otro, pero es necesario acompañarlo con medidas que así lo permitan en el tiempo.Necesario una alianza público-privadaEn entrevista, Luis Gómez consideró que México está caminando en sentido contrario a otros países, porque se insiste en no tener política de desarrollo agropecuario; se tiene un presupuesto anual que se discute todos los años, pero quién conoce el plan nacional de desarrollo agropecuario, es un papel, no tiene una realidad; lo que se requiere es que exista una negociación no de cuánto me toca de presupuesto, sino de qué vamos a hacer en los próximos cinco o diez años. No hay una alianza nacional, las discusiones se hacen en función no de un país sino del partido o del grupo o de la persona.Sin embargo, agregó que el mexicano es un Estado que tiene enormes posibilidades que no se están usando porque no existe esa decisión conjunta; aquí lo que importa en no tener costos políticos; en Argentina, Brasil, Chile se tuvieron y ahí están. A pregunta expresa sobre qué dependencia debe atender al sector, contestó que es el país quien debe atenderlo, se debe trabajar en una alianza público privada que incorpore agronegocios, organizaciones, productores y gobierno para resolver problemas estructurales. “Tiene que haber un poderosos programa de inversión que descanse en inversión pública con una nueva institucionalidad, pero además que favorezca el complemento de la inversión privada”. Aseveró que la causa estructural es la marginalidad en el campo mexicano, a cualquiera que le ponga a hacer un proyecto productivo en el campo mexicano es muy difícil, porque todo el entorno es muy depresivo, con costos muy altos de comercialización, falta de servicios, de comunicaciones y de transporte; mientras no se atiendan esas causas no vamos a poder tener una solución productiva; una gran parte de los pobres son población rural, entonces el desafío es atender la marginalidad rural. En su ponencia Hacia una política de largo plazo para el desarrollo agroalimentario y rural, indicó que en México la estrategia agroalimentaria es semejante a la de países desarrollados, pero la marginalidad rural, la pobreza y la miseria no son individuales, sino que afectan masivamente a todo el medio rural mexicano.En este país se revuelve combate a la pobreza con subsidios productivos. Hay tesis que dicen que muchas de las medidas de desarrollo social en realidad perjudican la puerta de salida de la pobreza.Oliver dejo claro que “la política de Estado deberá descansar en una alianza nacional de largo aliento, que no se limite a temas de gobernabilidad o de distribución de recursos fiscales, sino centrada en la transformación productiva, que convoque al conjunto de las autoridades del sector público, a las organizaciones sociales, a los agentes de agronegocios, a los agricultores y a las comunidades rurales”.Expuso que “es indispensable diseñar nuevos programas, en un espectro que vaya mucho más allá de los apoyos asistenciales, enfatizando la transformación productiva y el progreso autónomo de la población rural pobre en un enfoque de desarrollo territorial con visión de largo plazo”.