“El cambio climático se presenta como una realidad en un período de creciente demanda de alimentos, semillas, fibra y combustible. La variabilidad climática afecta de manera importante la base de recursos naturales de la que depende la agricultura”, señala la publicación Agricultura de América Latina y el Caribe: Bastión ante la crisis mundial y motor para el desarrollo, editada por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura(IICA).El escenario es más dramático –destaca-- al observar la producción de cárnicos, en especial carne bovina, cuya demanda experimentará un crecimiento significativo en las próximas décadas y requerirá la incorporación de grandes superficies de tierra, tanto para pastoreo como para la producción de granos.Las zonas más afectadas negativamente serán aquellas que se localizan en regiones tropicales y subtropicales, donde se ubica la mayor parte de los países en desarrollo, con mayores índices de pobreza, es decir, África, el Sur de Asia y América Latina, lo que podrá afectar las previsiones optimistas sobre la capacidad de esta última, junto con la región del Caribe, para incrementar significativamente la producción de alimentos en el futuro.El documento prevé que los rendimientos pueden resultar afectados en algunos casos de forma negativa y, en otros, de forma positiva (como en soya), pero con localizaciones específicas que pueden impactar adversamente la seguridad alimentaria de regiones.Advierte que “cada vez es más claro que el cambio climático y sus diversas manifestaciones será uno de los desafíos más importantes respecto de la capacidad de alimentar a la población en las próximas décadas. Por tal razón, urge transformar el sistema de producción de alimentos, ayudar a combatir el calentamiento global y lograr al mismo tiempo producir los alimentos en condiciones climáticas menos favorables”.Señala que la relación entre el cambio climático y la agricultura es un camino bidireccional: la agricultura contribuye al cambio climático de varias formas importantes y este afecta negativamente a la agricultura.Contribución de la agricultura al ambiente La agricultura intensiva es responsable del 25 por ciento de las emisiones del bióxido de carbono del mundo, del 60 por ciento de las emisiones de gas metano y del 80 por ciento de óxido nitroso, cita el estudio. Cuando los bosques tropicales –explica-- son transformados a pastizales, las emisiones de óxido nitroso aumentan el triple. Los fertilizantes nitrogenados son otra fuente importante de óxido nitroso.Detalla que cada año alrededor de 70 millones de toneladas de nitrógeno son aplicadas a los cultivos y contribuyen casi con el 10 por ciento de las 22 millones de toneladas de óxido nitroso que son emitidas anualmente.La situación se acentuará, ya que “con el aumento sustancial de las aplicaciones de fertilizantes, especialmente en los países en desarrollo, las emisiones de óxido nitroso producidas en la agricultura podrían duplicarse en los próximos 30 años”.Los agricultores y los territorios rurales de todas partes del planeta están experimentando los efectos del cambio climático con mayor intensidad y frecuencia. Los cambios regionales en el clima ya han afectado a diferentes sistemas físicos y biológicos en muchas partes del mundo.Lo anterior tiene efectos sobre la distribución de plantas, las especies invasivas, las plagas y los vectores de enfermedades y es posible que aumenten la incidencia y la localización geográfica de muchas enfermedades en el ser humano, los animales y las plantas, resalta la publicación. Los pronósticos sobre impactos previstos indican que los incrementos de temperatura y las reducciones asociadas de agua en el suelo provocarán sustitución de bosques por sabanas, cambios en la vegetación, que tiende a asumir características de tierras áridas, pérdidas significativas de biodiversidad por extinción de especies de zonas tropicales, mayor desertificación y salinización de tierras agrícolas, cambios en patrones de precipitación y desaparición de glaciales que alimentan con agua de deshielo a consumidores, agricultores y a la generación de energía.Tendencia crecienteLa publicación recuerda que el sur de las Américas sufrió una severa sequía, que diezmó significativamente el hato ganadero en Argentina y Uruguay; China padeció la peor sequía de los últimos 50 años en febrero del 2009; y Australia no supera aún los estragos de más de dos años de sequía. Al mismo tiempo, otras zonas sufren de inflexibles inundaciones y los tornados y huracanes han intensificado su frecuencia.Hace alusión a que la expansión de la frontera agrícola se hace a costa de la reducción de la superficie boscosa y por la incorporación de tierras menos aptas en ecosistemas frágiles. Durante el período 2000-2005, la pérdida en cobertura forestal global se estimó en 7.3 millones de hectáreas al año (una superficie similar a la de Panamá) y América Latina es la región del mundo donde se da la mayor pérdida de bosques en el mundo (IICA 2007).El resultado –asevera el análisis-- son no sólo son menores rendimientos, sino degradación de tierras y desertificación creciente. Los cultivos y pastoreos abusivos, la deforestación y prácticas de regadío deficientes son algunas de las principales causas humanas de la desertificación. No obstante, ALC alberga la mayor reserva de tierra arable del mundo (cerca del 30 por ciento del territorio es arable) y posee cerca del 16 por ciento del total de suelos degradados.Se estima que el 45 por ciento de la tierra cultivada en América del Sur y un 74 por ciento en Mesoamérica están afectados por la degradación.La desertificación es un problema global que amenaza directamente a más de 250 millones de personas en el mundo y a una tercera parte de la superficie terrestre y constituye una severa limitante a la expansión de la frontera agrícola en el futuro y pone en peligro la subsistencia de unos 1000 millones de personas de cien países, quienes dependen de la tierra para la mayoría de sus necesidades.La publicación expone que “ante un escenario de un mundo que demandará cada vez más alimentos y del que América Latina podría tener ventajas sobre otras regiones, no será sostenible en el futuro el modelo de expansión de la producción agropecuaria observado por la región, el cual se ha fundamentado principalmente en la incorporación de tierras más que en el aumento en los rendimientos, ya que para la mayoría de los países, los recursos naturales con vocación agrícola comienzan a ser escasos”.