Advirtió que ninguno de los programas gubernamentales de carácter técnico de fomento al maíz atienden las “fuerzas” que atentan con la agrobiodiversidad, el deterioro de maíces criollos y del “tejido social” que los cultiva.Entre los programas de apoyo y fomento del cultivo de maíz que conciben el problema desde el punto de vista técnico y económico, están el Procampo y el Promaf, en el ámbito federal; en Chihuahua el operado por la Comisión de la Tarahumara; en Chiapas el denominado Maíz solidario; en Michoacán, Cruzada Estatal del Maíz y en Veracruz, Maíz Fiel. Durante su participación en el Segundo Taller Nacional de Actualización para Reporteros en Biotecnología y Bioseguridad de Organismos Genéticamente Modificados, organizado por la Cibiogem, el antropólogo expuso que dichas fuerzas que atentan contra la agrobiodiversidad y el deterioro del maíz criollo se relacionan con la expansión de la frontera ganadera, la mecanización de la agricultura, el desarrollo urbano, la migración de jóvenes y envejecimiento de campesinos, el fomento de maíces mejorados a través de subsidios y el tratado de libre comercio.En su exposición recalcó: "lo que está gravemente erosionado es el tejido social sobre el que opera la organización comunitaria para el manejo de los recursos naturales y los recursos de uso común. Lo anterior se debe a la migración, aculturación, envejecimiento del campo y discriminación, que repercute en la desvaloración de lo propio, local, nativo”.Expuso que la conservación de los maíces nativos, no es un problema técnico, ni de repartir dinero, ni de capacitar a los campesinos, ya que ellos crearon las razas del maíz, por lo que la Conanp trabaja en reforzar ese tejido social y la organización comunitaria que han permitido esa enorme riqueza que tenemos en México.Al referirse a algunos de los maíces que están en mayor riesgo indicó que uno de ellos es el conocido como “Jala” que se cultiva en Nayarit, que se caracteriza por una mazorca de 30 centímetros, donde el INIFAP, la Sagarpa, centros de investigación y Conanp, ya trabajan. Otro es el maíz “Bolita” y “Chapalote” de la sierra de e Sonora.Estamos afinando la "mira" para apoyar con subsidios a los que están en grave riesgo y con otros paquetes de apoyo a la organización comunitaria en el caso del resto de los maíces, delineó.Respecto a si no existe una contraposición en el hecho de que se impulse por un lado la protección a los maíces nativos y por otro la introducción de transgénicos, comentó que una línea es el fomento a la agricultura agroindustrial, para ciertos regiones y productores, y otra la que se aplica para los agricultores de subsistencia de maíz criollo.Conservar la milpaEl Programa de conservación de maíces criollos no se interesa sólo por conservar éstos maíces, sino la diversidad genética de más de 50 razas de maíces en el contexto de la milpa, que “es un sistema integral de aprovechamiento diversificado en tiempos y espacios del área agrícola, en el manejo de los recursos naturales que están en el entorno de áreas agrícolas, para lo cual hay que apoyar a los grupos sociales que llevan a cabo este manejo de sus recursos y biodiversidad”, explicó Garibay.“Consideramos –puntualizó-- que el maíz es un producto de creación colectiva, producto de creatividad de conocimientos comunitarios, del manejo de recursos de uso común, de la experimentación y saberes compartidos, de la organización social, de la experiencia y creación colectiva, el maíz se intercambia, se presta, se comparte, se reconoce como un bien común. Los procesos de mejoramiento genético requieren del intercambio de conocimiento y de semillas entre individuos, comunidades y ejidos”. La importancia de hacer un programa de conservación in situ en bancos de semillas es que estos conocimiento se modifican año con año, ya que los campesinos experimentan con diferentes semillas adaptándolas a todas las condiciones ecológicas del país, desde el nivel del mar hasta más de 3 mil metros sobre el nivel del mar, zonas condiciones de mayor salinidad, sequía, exceso de humedad, aseveró. Garibay anotó que la distribución de los maíces criollos coincide en varios casos dentro o en las inmediaciones de Áreas Naturales Protegidas (ANP). Sin embargo, la mayor parte de la distribución ocurre fuera de éstas por lo que es fundamental implementar una estrategia interinstitucional para lograr la conservación de la diversidad de los maíces. El año pasado la institución financió proyectos de apoyo a maíz criollo en unas 40 mil hectáreas, en zonas de amortiguamiento de ANP.El Promac tiene año y medio de operación, y es un programa piloto en términos de estrategia para la conservación de la agrobiodiversidad in situ a través del subsidio directo a las razas en mayor riesgo y del fortalecimiento a la organización comunitaria.