El escenario parecería catastrófico si no fuera Bruce McCarl, integrante del Intergovernmental Panel on Climate Change, grupo ganador del Premio Nobel de la Paz en 2007 y profesor de Texas A&M, quien lo proyecta. Para los próximos 70 años, parte de Texas y México tendrán grandes afectaciones al disminuir su viabilidad para actividades agropecuarias. En territorio mexicano se estima que se perderá un millón de has productivas por este fenómeno.En México, los estragos en la producción agropecuaria de los últimos años, la sequía del 2009, y las lluvias extraordinarias de febrero, son evidencias de que el cambio climático está aquí y ya modificó el clima del país, secundó Mario Tiscareño López, director de la aseguradora Agro Clima. Añadió que en la región productora de sorgo del norte de Tamaulipas la lluvia se redujo en 40 por ciento durante el periodo enero-abril y sigue una tendencia decreciente.Aseguró que el cambio climático ha intensificado el fenómeno de El Niño y en consecuencia los años con sequía y excesos de humedad son ahora más frecuentes; mientras que la frecuencia de Niños extremos se ha acortado de 12.5 a 9 años.Durante su participación en el X Foro de Expectativas del Sector Agroalimentario y Pesquero 2010, organizado por el SIAP, Bruce McCarl, añadió que para los años 2020 y 2060 se espera un incremento de temperatura cercana a 3.2 y 4.0º centígrados.Entre los sectores más vulnerables ante el cambio climático están la agricultura. Los impactos sociales de la desertificación serían muy altos, debido a que las zonas que presentan una mayor vulnerabilidad coinciden con los sitios de mayor concentración humana y actividades económicas. Las poblaciones que se encuentra en mayor riesgo son aquellas que habitan sobre el nivel del mar, debido a la eventual presencia de eventos hidro-meteorológicos extremos como huracanes o inundaciones. McCarl consideró que se requiere de una mejor estrategia de adaptación, irrigación, y desarrollar variedades de semillas tolerantes a fenómenos climáticos adversos.Puntualizó que para el año 2050 se espera una reducción de las emisiones de bióxido de carbono de 50 a 85 por ciento.La agricultura en el año 2000 emitió 13.5 por ciento de los GEI; la industria 19.4; el consumo de energía, 25.9; transporte, 13.1 por ciento; la silvicultura, 17.4; casas y edificios comerciales, 7.9; y desechos y aguas residuales, 2.8 por ciento.El bióxido de carbono encabeza la lista de gases emitidos en la atmósfera durante el 2000 con un 55 por ciento, la silvicultura con 19, el metano 16 y el Óxido Nitroso con 9 por ciento.Programas en México ignoran riesgo por fenómenosTiscareño López precisó que en 2008 en el ámbito global por desastres tormentas, inundaciones, tornados, se perdieron 200 mil millones de dólares, de los cuales sólo 45 mil millones eran terrenos asegurados, el resto no cuenta con seguros. En el caso de México expuso que a pesar de que el número de eventos catastróficos aumenta en forma alarmante, muchas instituciones del sector agropecuario han venido operando con pleno desconocimiento del clima, sus decisiones no consideran el factor climático y hay ausencia de programas operativos que estén en función del clima. Es “increíble” que a pesar de que se informa que viene un fenómeno natural seguimos operando los programas agrícolas de igual forma.No obstante, reconoció que hay avances y que para este año se están asegurando 26 estados que entraron al programa PAC. El objetivo de las aseguradoras en su conjunto es brindar seguro a más de 5 millones de has, “un dato sin precedentes”.Habló de los beneficios que genera el contar con sistemas de alerta temprana para mitigar los efectos a corto, mediano y largo plazo de estos fenómenos. Citó que un estudio elaborado en Estados Unidos refiere que emitir un pronóstico acertado tiene un beneficio de 265 a 300 millones de dólares por año en ese país; para México es de 10 a 25 millones de dólares al año.Mario Tiscareño resaltó que los huracanes han aumentado su capacidad destructiva, lo cual es relevante si consideramos que los litorales mexicanos reciben cerca del 30 por ciento de la actividad ciclónica mundial. La escasa precipitación del ciclo primavera-verano 2009 fue en parte el resultado de una menor actividad ciclónica.Aún en años “normales” desde el punto de vista climatológico, el país no se escapa de sequías regionales, tal como la registrada en 2008 que impactó a la península de Yucatán y que causó siniestros elevados en la producción de maíz en los estados de Campeche, Quintana Roo y Yucatán. Mientras que el resto del país se benefició con uno de sus mejores años agrícolas.