De acuerdo con el estudio Cambio climático y desarrollo sustentable para América Latina y el Caribe, elaborado conjuntamente por el British Council, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para México, la UNESCO y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), los efectos del cambio climático ponen en riesgo la capacidad de producir alimentos; nos hace más vulnerables ante fenómenos meteorológicos extremos, como huracanes o periodos de sequía.El estudio propone acciones para adaptarnos al cambio climático, con base en estudios científicos que se han realizado en diversas ciudades de America Latina, que por sus condiciones climatológicas y geográficas, son representativas de toda la región. En el estado de Tlaxcala, por ejemplo, se llevó a cabo un estudio para diseñar estrategias de adaptación y reducir la vulnerabilidad de los sectores hídrico, forestal y agrícola.Aunque es sólo una mínima porción del territorio nacional, dicha entidad es representativa de gran parte de México, porque observa los mismos problemas de sobreexplotación de los recursos, contaminación y deterioro ambiental.A raíz del análisis de las condiciones ambientales que se encontraron, el equipo de investigación, conformado por profesionales del Centro de Ciencias de la Atmosfera de la UNAM y de las Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat); planteó acciones de adaptación que permiten conocer las ventajas y desventajas de las estrategias, para posteriormente transferirlas a otras entidades del país.Hay que recordar que la agricultura tradicional y la actividad ganadera fomentan la degradación y erosión de los suelos. El 45 por ciento de la superficie del país, equivalente a 88.1 millones de hectáreas, presenta un algún tipo de degradación. Por ello se propuso colocar invernaderos de 96 metros cuadrados para la producción de tomate, jitomate y chile mediante técnicas orgánicas. Los invernaderos de esta naturaleza permiten que gente de la tercera edad seguir produciendo, porque no se requiere de actividad laboral intensa como la labranza de la tierra y genera menos problemas a los suelos.También se determinó incrementar la capacidad de almacenamiento de agua, debido a que con el cambio climático, los periodos de lluvia son más intensos, mediante la rehabilitación de cuerpos superficiales y lagunas como “El Carmen” en Tequexquitla, ello aunado a un sistema de saneamiento integral, como en el río Zahuapan. Esto fomenta la disponibilidad de agua para la actividad agrícola en periodos de sequía.Asimismo, el estudio plantea fomentar la recolección de agua de lluvia, a través de pozos artesanales. En otras regiones del país ya se construyen sistemas de almacenamiento doméstico de este tipo.En el ramo forestal se elaboraron estrategias que promueven la reforestación, pero de manera más eficiente, ya que en la actualidad la temporada de plantación de nuevos árboles comienza al finalizar la época de lluvias, lo que genera menor éxito de sobrevivencia. De igual forma, implementar viveros municipales que cultiven cedro blanco, que serán utilizados para delimitar los predios agrícolas y evitar que estos se extiendan. La importancia y necesidad de esta medida radica en que 75 por ciento de la deforestación de selvas es causado por la ganadería y agricultura. En el periodo de 1998 a 2006, los incendios causaron una pérdida de 224 mil hectáreas de bosque, que representan el 48 por ciento de la deforestación nacional.El propósito del estudio, donde participaron, biólogos, agrobiólogos, ingenieros, físicos, arquitectos, productores y tomadores de decisiones, es generar información suficiente que permita modificar el calendario de actividades y de ingresos de los productores agrícolas y forestales, para saber cómo y cuándo podrían aplicar las medidas de adaptación diseñadas. Se prevé que estas medidas y experiencias de éxito se repliquen en otros estados del centro del país.