Política Agrícola

Empleo rural no agrícola motor para reducir pobreza

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En las zonas rurales pareciera que la única actividad productiva para generar ingresos es dedicarse a la producción agrícola, cultivar la tierra o criar animales. Sin embargo, hoy día alrededor del 45 por ciento de la población rural de toda América latina trabaja en una actividad no agrícola.

De acuerdo con cifras de 2010, en los 20 países que conforman América Latina la población rural de la región, ascendió a 121 millones145 mil personas, que equivale a alrededor del 20.5 por ciento de la población total de la región.

De acuerdo con el estudio “El empleo rural no agrícola y la disminución de la pobreza rural,” de Martine Dirven, del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, el Empleo Rural No Agrícola (ERNA) es un motor para reducir la pobreza en esas regiones, que representan alrededor del 90 por ciento del territorio de cada país.

Antes de comenzar con el análisis sobre las oportunidades que ofrece el ERNA para dinamizar e integrar los mercados y, por ende, generar mayor riqueza, la investigadora hace la recomendación de diferenciar que desde el punto de vista del empleo y, más aún, de los ingresos, “rural” no es “agrícola” y, vice-versa, “agrícola” no es necesariamente “rural.”

Asimismo, el trabajo de investigación que forma parte del proyecto “Conocimiento y Cambios en Pobreza Rural y Desarrollo”, del Centro Latinoamericano de Desarrollo Rural (RIMISP ), con el apoyo y participación del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA ) y el International Development Research Center (IDRC) de Canadá, caracteriza al ERNA como, “la ocupación principal en actividades no agrícolas de personas residentes en zonas rurales, es decir, en cualquier rama de actividad excepto el sector primario agrícola, incluyendo en este último la ganadería, la silvicultura, la caza y, por lo general, la pesca.”

La diversificación laboral en las zonas rurales requiere de políticas públicas enfocadas a ello, así como de incentivos que atraigan inversiones tanto privadas como de gobierno, para la creación de proyectos productivos, para ofrecer servicios y dinamizar la actividad económica en las localidades.

Aunque, señala el documento, se debe ser prudente y no caer en la creación de microempresas “de refugio,” como tienditas de abarrotes o pequeños puestos de dulces, porque con ellos no se generan las condiciones necesarias para integrar los mercados locales.

Hay grandes expectativas en el ERNA, porque tiene un enorme potencial para retener población en las áreas rurales, puesto que diversifica las opciones de trabajo en el medio rural, así como para atraer inversiones públicas y privadas en infraestructura y servicios; y con ello, incrementar los ingresos promedio de la población rural y disminuir los indicadores de pobreza.

Para la generación de ERNA, los municipios están llamados a jugar un papel importante en el desarrollo local, pero hay dudas serias sobre las capacidades de muchas de las instituciones rurales. No obstante, varios municipios rurales están ganando experiencia, capacidades y confianza a raíz de la descentralización de decisiones, fondos, ejecución y monitoreo de políticas y programas dirigidos al nivel local en los últimos años, incluso décadas, refiere el documento.

Salvo raras excepciones, los bienes y servicios producidos por el ERNA provienen de materias primas locales y se venden localmente. En consecuencia, en la cadena de oferta a menudo intervienen no más de dos o tres actores que generalmente viven en la misma localidad, se conocen bien y comercian cara a cara.

Mientras los pueblos rurales están aislados geográfica y económicamente son diversificados en su producción, puesto que tienen que proveer bienes y servicios para el consumo local. A medida que aumenta su conectividad, disminuye la diversificación y aumentan las importaciones y también las exportaciones, incluyendo los servicios turísticos y habitacionales.

Porque son esta clase de servicios “intransables” (restaurantes, iglesias, reparaciones menores, escuelas, puestos de salud), y no las actividades primarias y de primera transformación de los recursos naturales, donde se centra el desarrollo más importante del ERNA.

No obstante, explica el documento, para el grueso de la población la transición de la agricultura hacia un ERNA o desde el éste de bajos ingresos hacia el de mayores ingresos, por las altas barreras de entrada parecen infranqueables, en particular para los más pobres, ya que tienen que ver con el grado de educación, la edad, los ingresos, el sexo o su ubicación geográfica.

En este mismo sentido, las dificultades para salir de la pobreza, de modo sustancial y sostenido, son aún mayores para la población rural que para la urbana, debido a que cuentan con menores oportunidades en cantidad y diversidad, y mayores costos de transacción.

La investigadora de origen belga, Martine Dirven, retoma datos de otras investigaciones como la de Reardon, Berdegué y Escobar, de 2001, para señalar que debe haber un trato diferente para las zonas rurales con mayor y menor potencial en la generación de ERNA.

Subrayan que en las primeras, para fomentar el ERNA, es necesario articularlo con otras actividades “motoras” que impulsan o podrían impulsar el área. Para ello se requiere de incentivos suficientes, que incluye reducir los costos de transacción y hacer inversiones en caminos, electrificación, telecomunicaciones, riego y agua potable; y, al mismo tiempo, desarrollar en los hogares rurales la capacidad de participar en una gama más amplia de actividades.

Para el desarrollo del ERNA, a nivel nacional, se requiere de crecimiento económico, una demanda para bienes y servicios rurales, y una base de impuestos que permita invertir en bienes públicos y capital humano. Así mismo, para la reducción de la pobreza, se requiere mirar en detalle la relación entre crecimiento, estructura de distribución de los ingresos y la disminución de la pobreza, rural en particular.

En este sentido, subraya el documento, que un crecimiento lento en la agricultura conlleva un crecimiento “anémico” de la demanda de los consumidores, en requerimientos limitados de insumos, de procesamiento agroindustrial y de servicios de transporte, lo que desemboca en ingresos y salarios estancados.

Por otra parte, en México, para el año 2002, sólo 49 por ciento de los hogares rurales tenían tierras (ejidales y privadas), esta condición implica que 51 por ciento  de los hogares no tiene opción, sino trabajar como asalariado agrícola o en alguna actividad no agrícola, en la localidad o fuera de ella. Los integrantes de los hogares con tierras pueden trabajar por cuenta propia, como familiar no remunerado o como empleador en su propio predio. Esto puede ser una de las razones por las cuales el ERNA en México es uno de los porcentajes más alto de tola América latina, con una participación del 62.8 por ciento.

La educación, la capacitación profesional y la formación permanente son motores fundamentales para fomentar la iniciativa empresarial, la productividad y la competitividad. Son también elementos importantes para ayudar a los trabajadores a encontrar y mantener empleos decentes y productivos, y a seguir el ritmo requerido por los cambios tecnológicos y las nuevas oportunidades de empleo, se asegura en el trabajo de investigación.

Crece uso de tecnologías

Por otra parte, las tecnologías de información y comunicaciones (TIC) están entrando con fuerza en las zonas rurales a través de la telefonía móvil. La penetración de Internet es aún baja, pero es una cuestión de tiempo, y varios gobiernos tienen políticas explícitas para aumentar su cobertura y uso en esas regiones.

Aparejado a la generalización en el uso de las TIC puede venir una real revolución en varios aspectos de la vida y economía rural, y abrir un sinnúmero de posibilidades, insospechadas por ahora, para el ERNA.

El enorme impacto de las TIC en las áreas rurales se da particularmente por las transmisiones de información sobre precios y otras condiciones de mercado, aunque por ahora, son más bien los jóvenes y los que trabajan en ERNA los que utilizan computadoras e internet, y muchas áreas rurales dispersas aún no tienen conexión. La expansión de TIC abre oportunidades de la reubicación de servicios y manufacturas hacia las zonas rurales, refiere el trabajo de investigación.

 

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