Agronegocios

El mercado orgánico: de la esperanza al fraude

Rita Schwentesius Rindermann*

Los mexicanos quieren alimentarse bien y en forma sana. Es una tendencia que no tiene revés y está creciendo desde principios del siglo XXI. Es por ello, que académicos, consumidores y amas de casa idearon los tianguis y mercados orgánicos que en 2008 se organizaron legalmente en un Red Mexicana de Tianguis y Mercados Orgánicos (REDAC) llegando en 2013 a aglutinar 35 iniciativas.


La idea que motivó a ese RED fue tener acceso a alimentos orgánicos producidos por pequeños productores de tipo familiar y establecer relaciones directas con ellos para conocer el origen de los productos. A pesar del carácter local de este sistema se requería una esquema práctico y viable de para revisar y garantizar que los alimentos son realmente producidos en forma orgánica sin contaminaciones de agroquímicos industriales, transgénicos y microorganismos (salmonella o E-coli), y si el trato de los animales se realiza bajo los principios del bienestar de estos respetando sus hábitos naturales. Las mismas preocupaciones fueron compartidas por integrantes del movimiento orgánico en América Latina y es así como personas de Brasil y Argentina lideraron el nacimiento de la Certificación Orgánica Participativa (COP) en la cual productores, consumidores y académicos conjuntamente revisan la producción. Se diseñó como esquema trasparente, participativo, horizontal y con una fuerte porción de ética.

A pesar de esta historia llena de utopía y esperanzas, en el 2018 no hay tianguis o mercados orgánicos en México. Se llaman alternativos, ecológicos, naturales, campesinos, de 100 millas, verdes, bonitos, etc. algunos todavía con el nombre orgánico, aparentando una producción sana y orgánica, sin negar que algunos realmente lo están intentando. Para el consumidor es prácticamente imposible saber quién y dónde se ofrecen alimentos orgánicos que están buscando. Lo que se ha cimentado como un hecho es el mito que esos alimentos sean más caros que los convencionales.

Lo que pasa en México es que hay más demanda por productos orgánicos que oferta. Pero de acuerdo con la teoría neoliberal, lo hace posible la “mano invisible del mercado” a través del re-etiquetado de productos convencionales como orgánicos y poniéndoles un sobreprecio. Eso se quiso impedir precisamente con la Certificación Orgánica Participativa, pero las fuerzas y tentaciones de hacer negocio fácil y obtener ingresos adicionales son tan fuertes que la esperanza de recuperar formas justas y locales del comercio de alimentos en México se esfumó dando lugar a fraudes y engaños. Desde luego existen esfuerzos reconocibles e impresionantes de productores de mantenerse en el camino de ofrecer alimentos orgánicos confiables, pero se ven en un escenario donde el oportunismo gana terrenos. Es peor todavía, la Secretaría de Agricultura se ha convertido en cómplice de esa fuerte tendencia de desorientar y engañar a los consumidores mexicanos.

¿Cómo se explica esa tendencia hacia el oportunismo? ¿O, fallas del mercado?

  1. Nadie en México revisa si los tianguis y mercados realmente son orgánicos. Aunque todo lo que se dice y escribe sobre lo orgánica parte del hecho considerar toda la cadena hasta que llegue el producto al consumidor, la certificación no funciona así. Dado que esa cadena es muy larga: conservación, producción y procesamiento, elaboración, preparación, acondicionamiento, almacenamiento, identificación, empaque, etiquetado, distribución, transporte, comercialización, verificación y certificación, se habla de operación y quien lo hace es el operador, así la Ley de Productos Orgánicos en México. No se considera realmente el punto de entrega al consumidor, o sea la venta en mercado, tianguis, tiendas, supermercados, y otros autoservicios. En última consecuencia alguna autoridad tendría revisar lo que WalMart vende y a qué precio.
  2. Lo que la Secretaría de Agricultura hace a través de Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Alimentaria (SENASICA) es entregar un “Reconocimiento para operar el sistema de Certificación Orgánica Participativa” a tianguis o mercados que hayan cumplido con los requisitos. Existen reconocimientos de ese tipo para 3 mercados (qué es un mercado o un tianguis depende de la interpretación de SENASICA) en México.
  3. Ese “reconocimiento” lleva a la confusión y desorientación completas para los consumidores, porque los tianguis o mercados (o tienditas) que lo tramitan, pueden solicitar el reconocimiento, aunque tengan nada más 4 o 5 productores orgánicos en términos de Ley de un total de 20, 30, 40 o más “operadores”, o sea principalmente convencionales. No hay forma para el consumidor de saber quién realmente es orgánico. Los mismos mercados con ese documento oficial declaran públicamente de ser orgánicos, lo pueden hacer, porque a los consumidores se les dificulta de entender el significado del “Reconocimiento” y eso solamente en caso de que tengan acceso o posibilidad de leerlo.

  4. El “Reconocimiento” es más confuso todavía porque no dice a qué Certificación Orgánica Participativa” y a cuáles artículos de los Lineamientos para la Operación Orgánica se refiere. Como ya explicamos en otro documento, estos Lineamientos no son claros, muy contradictorios, confusos, tienen errores y dejen espacio para interpretaciones. En el caso que aquí se trata, la base legal de México trata a la COP como un sistema esquizofrénico con dos posibilidades opuestas: En el primer esquema como si fuera los mismo como la certificación por agencia, o sea de una empresa particular que cobra para sus servicios (ver TITULO VI, Capítulo I, Artículos 206 a 213); en el segundo, es un procedimiento completamente diferente (TITULO IV, Capítulo 3). Los Artículos 226 a 231 parecen un oasis en un desierto gigante, porque aquí se retoman los principios descritos brevemente al inicio, pero estos principios chocan con todo el resto de lo previsto en los Lineamientos, una situación legal completamente inaceptable. En ese sentido no procede la intervención de la Secretaría de Agricultura (SENASICA) en los mercados orgánicos locales, eso debería hacer la sociedad civil y de acuerdo con las experiencias de los grupos, sus avances y sus situaciones reales, y bienvenidas las asesorías de inspectores, agencias de certificación y de la Secretaría.
  5. Regresando a lo que está pasando en México; El proceso para llegar al Reconocimiento implica mucho papeleo, burocracia y tiempo, e incluye la visita de algunos productores. Se supone que el personal de SENASICA realiza el proceso en estricto apego a la Ley y los Lineamientos de la Operación Orgánica. Pero nos constante que reconocen a productores que venden productos convencionales y lo re-etiquetan como orgánicos y los ofrecen al doble de precio, o así complementan a su oferta. Está documentado que algunos productores venden hortalizas contaminados con E-coli y salmonelas, hasta con pesticidas al doble de lo permitido oficialmente en la producción convencional. Ninguno de los que ofrecen productos animales, y son parte de los establecimientos reconocidos, cumplen con principios del bienestar animal. Existe un caso de uso de alimentos balanceados comprados y hechos sobre la base de granos importados, lo que no está permitido en los Lineamientos y hace suponer una situación más grave todavía.
  6. Algunos de estos incumplimientos están documentados en el Youtube o el Facebook, otros se encuentran archivados en la Universidad Autónoma Chapingo.
  7. Es inexplicable cómo SENASICA pudo reconocer así a una Sociedad Cooperativa y un Mercado en términos de Ley. ¿Por qué se hacen cómplices de fraudes?
  8. Estamos convencidos de que los mercados orgánicos locales son una alternativa para pequeños productores familiares a nivel local. El potencial de su crecimiento es enorme en México. También para los consumidores es una alternativa de consumir en forma sana y reconstruir las relaciones con el campo. Pero todo ello no es posible sin un esfuerzo conjunto para ofrecer alimentos con una calidad mayor de los acostumbrado. El Gobierno debería definir políticas de fomento dentro de una estrategia del rescate del campo mexicano. El camino podría iniciar con una nueva discusión sobre la Certificación Orgánica Participativa, sacándola de los Lineamientos publicados en 2013. En una discusión incluyente, pero en los espacios de las diferentes regiones del país, se podrían regresar a las raíces de esta certificación para llegar a una esquema realmente justo y ciudadano, pensando en la salud de los mexicanos, los ecosistemas, los animales y los suelos.
1 http://www.sagarpa.gob.mx/normateca/Normateca/2%20DECRETO%20por%20el%20que%20se%
20expide%20la%20Ley%20de%20Productos%20Org%C3%A1nicos%20070206.pdf
2 http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5319831&fecha=29/10/2013

*Investigadora del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias para el Desarrollo Rural Integral (CIIDRI), Chapingo

 


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