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FAO y México firman marco para apoyar sistemas agroalimentarios sostenibles, más eficientes e inclusivos

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Con el propósito de acelerar la transición hacia sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles, el gobierno de México y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) firmaron el Marco de Programación de País (MPP) 2026–2031, instrumento que orientará durante los próximos seis años las prioridades, metas y mecanismos de la cooperación técnica y financiera entre ambas partes, con una cartera programática cercana a 140 millones de dólares (mdd).

En el marco de la firma del MPP por representantes de la la FAO y la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) se detalló que dichos recursos alrededor de 54 mdd ya cuentan con recursos identificados, además deberán movilizarse 86 millones adicionales mediante cooperación internacional, fondos climáticos y ambientales, recursos nacionales, banca de desarrollo y alianzas responsables con el sector privado.

La firma de este Marco une capacidades alrededor de una ambición común: convertir la transformación de los sistemas agroalimentarios en resultados visibles para las personas y los territorios, afirmó el subdirector general y representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe, Rene Orellana Halkyer.

Expresó que el organismo está preparado para transformar esta hoja de ruta en políticas más sólidas, inversiones de mayor escala y soluciones que lleguen a quienes producen nuestros alimentos y protegen nuestros recursos naturales.

Como parte del acuerdo, la FAO aportará capacidad técnica, conocimiento especializado, presencia territorial y acceso a mecanismos internacionales de financiamiento, en coordinación con el gobierno de México”.

El subsecretario para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Enrique Javier Ochoa Martínez, resaltó que la cooperación entre México y FAO coincide con el compromiso del gobierno federal de construir “una república rural justa y soberana, lo que implica fortalecer el campo mexicano y lograr la soberanía alimentaria de México, a través del apoyo al sector agrícola y la protección de los derechos de quienes trabajan y viven en el campo”, afirmó

México, subrayó Rene Orellana Halkyer, llega a esta nueva etapa con una prevalencia de subalimentación —hambre— de 3.1 por ciento en el periodo 2023–2025, equivalente a 4.1 millones de personas. Este indicador se redujo desde el 4 por ciento registrado en 2004–2006 y se ubica entre los niveles más bajos de América Latina y el Caribe.

De acuerdo con los datos más recientes de la FAO, la inseguridad alimentaria moderada o grave disminuyó de 24.9 por ciento en el periodo 2014–2016 a 16.5 por ciento en 2023–2025, lo que significa que, en aproximadamente una década, 8.6 millones de personas dejaron de encontrarse en esa condición.

Estos avances, acota, el organismo, conviven, sin embargo, con brechas territoriales y sociales: millones de personas aún enfrentan dificultades para acceder a una alimentación saludable, así como desigualdades en el acceso al agua, la asistencia técnica, la tecnología, el financiamiento y los mercados.

La FAO hace hincapié en que México es, además, “una potencia agroalimentaria, un país megadiverso y uno de los principales centros mundiales de origen y diversificación de cultivos. Cuenta con ciencia, instituciones, capacidad productiva, agricultura familiar, ejidos y comunidades, pueblos indígenas y afromexicanos, así como con un patrimonio biocultural de enorme valor”.

Por ello, agrega, “el MPP reconoce al país no solo como receptor de cooperación, sino como socio capaz de compartir políticas públicas, tecnologías y experiencias mediante la cooperación Sur–Sur y triangular, coordinada entre la FAO, la SRE y la Sader y Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID).

El Marco organiza la cooperación en tres dimensiones (personas, prosperidad y planeta) y se articula con las cuatro mejoras globales de la FAO en materia de productividad y sostenibilidad y ampliar el acceso a financiamiento, tecnología y mercados; en nutrición, que impulsa entornos alimentarios más saludables, compras públicas y cadenas cortas de comercialización; en medio ambiente, que promueve la gestión sostenible agua, suelos, bosques y pesca; y una vida mejor,que dirige protección social, igualdad de género e inclusión productiva hacia los territorios rurales.

El organismo recalca que sus beneficios se concentran, en particular, en pequeños productores, mujeres rurales, juventudes, personas jornaleras y pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas.

El Marco mantendrá durante su implementación el carácter participativo de su formulación, con un mecanismo de seguimiento conjunto entre el gobierno de México, a través de la SRE, la AMEXCID, y la FAO.

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