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México necesita diseñar una estrategia institucional para impulsar cultivo de amaranto

El amaranto es un cultivo tolerante a condiciones de sequía y posee un alto valor como alimento funcional, ya que no solo aporta nutrientes esenciales, sino que también contribuye a la prevención de ciertas enfermedades gracias a su contenido de aminoácidos esenciales y péptidos bioactivos, por lo que existe la necesidad de diseñar una estrategia institucional de carácter transversal que impulse tanto la producción como su consumo en México.

Este alimento forma parte de la canasta básica de Segalmex-Diconsa y puede ser una alternativa productiva y de alimentación, por lo que los investigadores del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) Alma Velia Ayala Garay, Eduardo Espitia Rangel, Diana Evelyn García Lemus, plantean que una estrategia nacional deberá contemplar políticas orientadas a la sostenibilidad del cultivo, incentivos dirigidos a jóvenes agricultores y la incorporación de tecnologías modernas que optimicen la producción y fortalezcan la seguridad alimentaria.

El amaranto (Amaranthus spp) es un cultivo que fue reconocido por su valor nutricional y su relevancia cultural en las civilizaciones antiguas de México, que formó parte de rituales religiosos, prácticas alimentarias y ofrendas en las culturas prehispánicas (Casas et al., 2001). Junto con maíz y el frijol constituyó un alimento básico entre los pueblos originarios; no obstante, tras la llegada de los conquistadores, su cultivo fue casi erradicado como consecuencia de prohibiciones religiosas (Corona et al., 2019).

Su contenido y calidad nutricional permiten postularlo como un cultivo estratégico para atender los problemas alimentarios y de desnutrición que afronta la sociedad (Morales et al. (2009).  Es un alimento que aporta proteínas de excelente calidad biológica y precursor de una gran cantidad de vitamina E.

Respecto a iniciativas institucionales que se han desarrollado en México, los investigadores puntualizan en su estudio que una de ellas fue Un país, un producto prioritario (OCOP), donde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en conjunto con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), inició el trabajo de la Cadena de valor sostenible del amaranto -Producto agrícola especial de México en 2023 (FAO, 2023). El objetivo fue fomentar sistemas agroalimentarios inclusivos, rentables y respetuosos con el medio ambiente mediante el desarrollo sostenible de productos agrícolas especiales. La iniciativa tenía como fin abordar problemas como las pérdidas de rendimiento y de biodiversidad, el desperdicio de alimentos y el uso indebido de productos químicos agrícolas.

México es centro de origen y diversidad del amaranto, además se encuentra entre los 83 países que integran la OCOP, por lo que este proyecto, tuvo como objetivo fortalecer la cadena de valor del amaranto a través de la generación de una estrategia nacional que promueva la innovación productiva sostenible (SADER, 2024; FAO, 2023).

Los investigadores del INIFAP anotan que el amaranto está siendo revalorizado dentro de la dinámica alimentaria debido a su potencial agronómico y su amplia gama de aplicaciones en la alimentación humana (Sader, 2024). Se produce a altitudes que van de los 2,500 a los 3,300 msnm, aunque se han reportado resultados favorables incluso a nivel del mar y en zonas tropicales (Ramírez et al., 2011). Es un cultivo resistente al déficit hídrico y a altas temperaturas. Su rendimiento promedio oscila entre 1,000 y 2,500 kg ha⁻¹; sin embargo, bajo condiciones óptimas de suelo, humedad y temperatura, puede alcanzar hasta 5,000 kg ha⁻¹ (Mujica y Berti, 1997).

Para el año 2023, la superficie total cosechada fue de 3,350.01 hectáreas (ha), concentrándose el 97% de la producción nacional en los estados de Puebla, Tlaxcala, Estado de México y Ciudad de México (SIAP, 2024). Su cultivo es realizado principalmente por pequeños productores con superficies menores a 5 ha.

Dificultades que afrontar

No obstante, refieren Ayala Garay, Espitia Rangel y García Lemus, las ventajas de cultivo y nutricionales del amaranto, uno de los problemas que enfrentan los productores es la caída de los precios medios rurales (PMR) y el encarecimiento sostenido de los insumos agrícolas (SIAP, 2024). Entre 2003 y 2023, los precios pagados al productor disminuyeron a una tasa media anual de 4.6% en términos reales (SIAP, 2024; INEGI, 2023). Al mismo tiempo, el índice de precios de fertilizantes ha aumentado a una tasa media anual de 8.73%  (INEGI, 2023).

Para 2023, los precios medios rurales (PMR) muestran una notable disparidad regional, porque mientras en la Ciudad de México alcanzaron los $23,234.02, en el estado de Puebla apenas llegaron a $5,540.48 por unidad de medida (SIAP, 2024).

En su estudio los investigadores anotan que para la ejecución del proyecto de Fortalecimiento de la cadena de valor del amaranto en México, la Sader, con el acompañamiento técnico especializado de la FAO México y con el fin de impulsar la producción de amaranto, ha promovido la siembra de amaranto en la región centro del país (Sader, 2024). Esta región, conocida por sus vínculos comerciales e históricos entre el Estado de México, Tlaxcala, Puebla, Morelos y la Ciudad de México, por lo que se busca revitalizar la producción y transformación de este cereal.

En este proceso se han conformado formalmente los Consejos del Sistema-Producto Amaranto estatales para la constitución del nacional. La Sader ha facilitado la implementación de estrategias que fortalezcan el cultivo de amaranto en la región. Ante este panorama, con el fin de comprender las condiciones bajo las cuales se desarrolla la producción e identificar las ventajas y limitaciones de la productividad del cultivo, así como los factores que influyen en su rentabilidad se hizo un estudio en el centro del país en los estados de Tlaxcala, Puebla, Estado de México y Ciudad de México durante el ciclo agrícola 2023.

A pesar de que el rendimiento promedio obtenido en el trabajo de campo (2.24 t ha-1) es superior al reportado por el SIAP, (1.68 t ha-1), se observó una variación considerable entre productores, desde 1.6 t ha-1 hasta 2.6 t ha-1. Se considera que diversos factores como son

los aspectos tecnológicos, el uso inadecuado de fertilizantes, semilla y la falta de asesoría técnica limitan la productividad, afectando en rendimientos bajos, aunado al mal temporal”.

 

En el estudio se observa que, aunque los mayores rendimientos por ha fueron obtenidos en Puebla, Tlaxcala y Estado de México, la mayor rentabilidad se obtuvo en Tlaxcala, seguido dePuebla y el Estado de México. Esto debido en gran medida a la presencia de menores costos de producción por tonelada que se observan en los productores con mayores rendimientos y una mayor utilidad. Sin embargo, éstos también fueron los que representan el menor porcentaje en la región.

Los costos de producción unitarios elevados están relacionados con los bajos rendimientos que obtuvieron los productores.

El ciclo 2023 la mayor rentabilidad se obtuvo en el estado de Tlaxcala (2.6), seguido de Puebla (1.6), que en comparación con el periodo 2011-2012 la rentabilidad ha mejorado considerablemente sobre todo en Tlaxcala.

El análisis hace énfasis en que es importante que, el productor considere la densidad de siembra por hectárea, dosis de fertilización, recomendaciones óptimas de aplicación según la etapa fisiológica del cultivo, lo que en conjunto propiciará la disminución en los costos de producción y mejorará la productividad, todo acorde a su cultura. Si bien el amaranto puede ser un cultivo rentable, es crucial considerar las diferencias en costos y rendimientos entre productores y estados para comprender mejor la rentabilidad individual.

Necesaria transferencia de tecnología y capacitación continua

La investigación sugiere que para aprovechar al máximo sus ventajas y ampliar la superficie cultivada, es necesario adaptar las tecnologías de producción a los diversos sistemas de siembra. Además, la selección de variedades, la dosificación adecuada de fertilizantes y la densidad de siembra son componentes esenciales.

También hace referencia a que entre los principales problemas se encuentra la ausencia de técnicas adecuadas para la captación y aprovechamiento del agua, lo que limita la disponibilidad de riegos de auxilio y afecta directamente los rendimientos por hectárea. A ello se suma la falta de tecnologías de producción adaptadas a las condiciones agroclimáticas específicas de cada región, así como la carencia de acompañamiento técnico, lo que dificulta el control oportuno y eficaz de plagas y enfermedades.

En este contexto, diversos estudios han señalado que los problemas técnicos que prevalecen hacen evidente la necesidad de diseñar e implementar programas de transferencia de tecnología y capacitación continua, orientados a identificar y atender las necesidades específicas de los productores.

Otro factor que amenaza la continuidad es el crecimiento de la mancha urbana, la cual invade progresivamente terrenos agrícolas. Esta situación resulta atractiva para muchos productores, quienes optan por vender sus parcelas para uso habitacional debido a los ingresos inmediatos que dicha transacción genera. Este fenómeno se ve agravado por el envejecimiento de la población rural, cuya edad promedio supera los 55 años, así como por la limitada participación de jóvenes en las actividades agrícolas, lo que compromete la renovación generacional y la permanencia del cultivo de amaranto.

Los investigadores hacen referencia a que la inclusión del amaranto dentro del cuadro básico se limita a su mención como “golosina de amaranto”, sin que sea reconocido como un alimento estratégico al nivel de otros granos básicos, lo que abre el debate sobre la diversificación alimentaria, la sostenibilidad de los sistemas agroalimentarios y la revalorización de cultivos tradicionales con alto valor nutricional.

Por último, consideran que el futuro del cultivo del amaranto en México está condicionado a la implementación de programas de transferencia tecnológica, al diseño de políticas de apoyo a los productores y al desarrollo de estrategias que promuevan la incorporación de las nuevas generaciones al sector agrícola. Estas acciones resultan fundamentales para garantizar la sostenibilidad y el crecimiento de este cultivo que posee un alto potencial económico, ambiental y nutricional.

 

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