La marcha de los tractores
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Detenido
Helicópteros de la policía y de medios de comunicación sobrevolaban la zona. Eran las tres de la tarde del 31 de enero de 2008 y sobre Avenida Paseo de la Reforma, frente al Ángel de la Independencia, se encontraban aglutinados miles de campesinos, trabajadores sindicalizados y organizaciones independientes a la espera de la orden que diera inicio a la gran marcha en demanda de la renegociación del capítulo agropecuario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).
En espera, la mayoría recibía de pie los rayos del sol que volvían la tarde calurosa; otros ocupaban sentados las banquetas de la gran avenida; mientras vendedores ambulantes aprovechaban los espacios que quedaban libres para ofrecer al gran conjunto “seis tacos de canasta por cinco pesos”, “gorras de a 10”, “llaveros de 20”, cadenas de plata, refrescos, nieves y hasta DVD’s.
Sobre dos camionetas cuatro bocinas reproducían la voz de un hombre, que invitaba a “los compañeros telefonistas” integrarse al conjunto del resto de los sindicatos que se dieron cita en el lugar.
Al frente de los campesinos y frente a la Bolsa Mexicana de Valores, cercados por una larga manta decorada con diversas variedades de maíces criollos se encontraban un total de 23 tractores provenientes de Chihuahua, Durango, Zacatecas y Estado de México, que junto a sus respectivos dueños fueron los encargados de encabezar la movilización hasta la plancha del Zócalo capitalino.
Rostros impacientes, sonrientes, parlantes o callados, sostenían en sus manos banderas, mantas y pancartas de diversos colores y tamaños, que con frases como: “maíz y petróleo, pilares de la identidad y la economía de México”; “salvar al campo para salvar a México. Rescatar a la Nación para rescatar al campo”, dejaban entrever los motivos de su protesta.
Encargados de la organización iban de un lado a otro con teléfono en mano, mientras Víctor Suárez Carrera, Director Ejecutivo de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC); era entrevistado por una reportera quien le cuestionó sobre el papel que el gobierno había desempeñado en estos 15 años de tratado; a lo cual el líder respondió con tono fuerte y seguro, como si hablara ante miles de personas y quisiera ser escuchado:
“El gobierno mexicano no hizo lo necesario; no cumplió con el compromiso de la desgravación gradual y tampoco realizó inversiones estructurales en el sector argumentando la falta de recursos; tampoco ha denunciado las practicas desleales de Estados Unidos, ni apoyó a la organización de los pequeños productores”.
Señaló que los únicos beneficiados del TLCAN eran las empresas Trasnacionales como Grumma, Bimbo y Maseca, más no los consumidores, ni los campesinos, ni los contribuyentes.
Eran las 15:50 hrs. cuando los tractores encendieron sus motores y comenzaron a circular sobre el Paseo de la Reforma, de uno en uno, lo mismo el rojo que el azul. Después de la maquinaria emprendió la marcha, el contingente de La Confederación Nacional Campesina (CNC) comandado por su dirigente, Cruz López Aguilar quien, con sombrero de palma y de manera sonriente, caminó entrelazado de los brazos junto a los cenecistas que lo acompañaban, formando una gran hilera.
Detrás al repique de campanas, avanzaban las diversas organizaciones aglutinadas dentro de la CNC, cañeros, maiceros, sorgueros, arroceros, frijoleros, apicultores; productores de todos los estados de la República que gritaban: “¡campesinos unidos jamás serán vencidos!”
Mientras los del estado de Nayarit en tono más jocoso, despertaban las sonrisas de los participantes y observadores al corear, “sacaremos a ese guey de la Sagarpa (bis)…de la Sagarpa sacaremos a ese guey”.
De esa manera seguían su paso los contingentes de diversas organizaciones campesinas, sociales y sindicales de diversa filiación partidista (como la CCC, CCI, UNORCA, UCD, UNIOS, COCYP, UNTA, CONOC, CIOAC, CNPA, El Barzón-ANPAP, SME, etc.) hombres, mujeres y niños que ondeaban banderas rojas, blancas, amarillas y verdes; unos con sombrero de palma y otros con gorra o lentes oscuros.
Cada grupo tenía su particularidad. Unos traían música de viento; otros banda de guerra; cohetes, caballos; ambulancias; danzantes o carros alegóricos alusivos al campo. Contingentes dispersos, unidos, los que gritaban consignas, los que sólo musitaban, los que iban por voluntad, los obligados, los campesinos, los citadinos, los productores y “la grilla”.
En un reducido conjunto de personas (sin mezclarse) Carlos Navarrete y Javier González Garza -sin perder el estilo de “pipa y guante”- marchaban ataviados con chamarras de piel y sombrero elegante; artículos que a decir de un conocedor del tema su precio no es menor a los 10 mil pesos.
En el transcurso de la movilización hubo pequeños grupos que marcharon por las calles laterales de Reforma; no faltaron los chavos con aspecto vandálico que pasaban corriendo sin rumbo alguno, los oficinistas curiosos que miraban y tomaban fotos con su teléfono celular o los que por haberse sentado a descansar se quedaron atrás y presurosos buscaban integrarse a su contingente.
El reloj marcaba las 17:00hrs y detrás de las agrupaciones campesinas y sociales se unieron los sindicatos de trabajadores, electricistas, telefonistas, del seguro social, de la Universidad Nacional Autónoma de México, de la Universidad Autónoma Metropolitana y del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Un olor a establo denotaba la presencia de unas cuantas vacas a un costado del lugar de donde había partido la marcha, las cuales echadas sobre pastura eran custodiadas por un grupo de uniformados de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal.
De igual forma, los elementos de la Policía Bancaria y la agrupación de Granaderos, resguardaban recintos tanto de gobierno como de particulares; formando una valla en la Bolsa Mexicana de Valores, en la Torre Contigo, en la Torre Met Life, en el Sheraton Centro Histórico, en el Museo Nómada, la Catedral y el Palacio Nacional.
A la altura de la Alameda Central, vendedores de elotes cocidos y asados hacían su agosto; mientras que en carpas instaladas frente al Hemiciclo a Juárez, se invitaba a la gente para que obtuviera su credencial del “Gobierno legítimo” en apoyo a López Obrador.
Los manifestantes campesinos seguían avanzando de frente por la Avenida Juárez hasta llegar a la calle de Madero, mientras que otros grupos ingresaron al zócalo por las calles 5 de mayo y 16 de septiembre. Ahí, en la Plaza de la Constitución, había instaladas pantallas y bocinas por las que los asistentes podían escuchar y presenciar los discursos de los líderes campesinos y sindicales.
Quienes ante un número aproximado de 100 mil personas (de acuerdo a los organizadores habían 200 mil manifestantes, mientras la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal reportaba 45 mil) exigieron la renegociación del capítulo agropecuario del TLCAN.
Frente a los miles de manifestantes congregados en el zócalo capitalino, Cruz López Aguilar, dirigente de la CNC, indicó que durante la vigencia del tratado creció la dependencia alimentaria de México al pasar de 10 a 48 por ciento; el número de empleos se redujo a la mitad; la migración aumentó de 29 mil en 1994 a 455 mil personas en 2006; el 70 por ciento de la población se encuentra en condiciones de pobreza, mientras que sólo el dos por ciento de los productores tiene la capacidad de exportar.
Pidió, dar la oportunidad a los productores rurales y campesinos de alimentar a su pueblo y no dejar en mano de capitales irregulares y especuladores las importaciones y exportaciones; por lo que señaló la necesidad de un mecanismo que regule la entrada y salida de maíz, frijol, leche y edulcorantes, para lograr el orden y la colocación de las cosechas nacionales.
“El país, debe vencer el pavor de incomodar a sus aliados comerciales y comprometerse con México y los mexicanos”.
Aseguró que de este movimiento surge la posibilidad de formar un verdadero Congreso Nacional integrado por los tres bloques de organizaciones campesinas y dijo “ésta será nuestra respuesta a la guerra sucia armada desde la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa)”.
Al momento que el dirigente terminó de decir estas palabras, los campesinos congregados interrumpieron el discurso lanzando un ¡Bravo! y posteriormente una secuencia de ¡Duro, duro, duro!
Cruz López, continuó su lectura diciendo -en un tono que hizo escuchar su voz desgarrarse- que “los diputados federales que simpatizan con las causas campesinas impedirán enérgicamente el uso del presupuesto aprobado para campañas sucias, enfocadas a desprestigiar a las organizaciones campesinas y lo liderazgos”.
Llegando casi al final de su discurso, lanzó una advertencia al gobierno diciendo que “de aquí para adelante el gobierno enfrentará la resistencia de esta alianza clasista”, seguida de un ¡Viva la alianza clasista! ¡Viva el movimiento campesino nacional! ¡Viva México! y coreado por los miles de sombreros de palma que estuvieron presente esa tarde.
Al pasar de los minutos y entre gritos y consignas, cada uno de los líderes que tuvieron la oportunidad de tomar el micrófono, pronunciaron sus discursos en donde se reiteraba el rechazo a las reglas de operación aprobadas por la Sagarpa; la necesidad de fomentar políticas que incentiven la producción de alimentos para alcanzar la soberanía alimentaria del país; la reducción de la migración del campo hacia las ciudades y Estados Unidos; al mismo tiempo que se oponían a la reforma energética y la privatización de la seguridad social.
La tarde terminaba y el sol se iba escondiendo entre nubes que tomaban un color rojizo, la iluminación de los edificios coloniales del zócalo fue encendida, mientras el viento frío comenzaba a recorrer toda la zona. Algunos contingentes comenzaban a moverse; eran las 19:00hrs y cumpliendo con los tiempos establecidos, el acto terminó con la entonación del Himno Nacional Mexicano en voz de nuestros campesinos.



