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Con bajo precio de maíz blanco agricultores de Sinaloa pierden 5 mil pesos por hectárea

Compradores importan grano transgénico para consumo humano, aseguran

Con bajos rendimientos por la sequía, apoyos gubernamentales pendientes de pago, alza de costos de producción, precios a la baja provocados por la importación de maíz blanco transgénico y deudas por pagar, los productores de Sinaloa concluyen un ciclo productivo “muy triste, muy desmotivante”, expresa Enrique Riveros Echavarría, integrante de la Asociación de Agricultores del Río Culiacán (AARC).

La falta de agua ocasionó que los rendimientos promedio, que eran de 11 a 12 toneladas por hectárea bajaran a diez o menos. Con costos de producción promedio de 65 mil pesos por hectárea y un precio de mercado de 6 mil pesos, cuando lo mínimo para recuperar la inversión y “salir tablas” serían 6 mil 500 pesos, el agricultor registra una pérdida de 5 mil pesos por hectárea.

“No hay absolutamente ningún ingreso para el productor, eso es deuda directa”, subraya el productor sinaloense en entrevista con imagenagropecuaria.com.

La pérdida es mayor en la tierra de labriegos a los que les afectó más la sequía, donde no llegó el agua suficiente, donde el suelo absorbió menor humedad y la producción fue de apenas cinco o seis toneladas por hectárea, “ellos tienen una pérdida total”, subraya Enrique Riveros.

Al termino de la cosecha otoño-invierno 2024-25, los agricultores de Sinaloa quieren comercializar su maíz arriba de los 6 mil pesos, pero bajarlo hasta el centro del país cuesta mil pesos adicionales de pura logística, de flete, y ahí se están recibiendo maíces importados de Estados Unidos o Brasil a 6 mil 100 pesos por tonelada. Los compradores quieren descontar esos mil pesos a los nacionales para estar comprando en 5 mil 100 pesos, expone el integrante de la AARC.

En las parcelas de Sinaloa –explica– el precio de maíz es de alrededor de 5 mil 800 a 6 mil pesos por tonelada, muy bajo pese a que los agricultores se aventuraron a sembrar y pedir créditos aún con la poca lluvia y agua en las presas y con la deudas que venían arrastrando, los apoyos pendientes y los problemas de comercialización del ciclo pasado. “Pero ya en temporada el agua fue más difícil de manejar y se incurrió en costos extras para poder salir adelante con el cultivo, bombear agua y tener que estar comprando agua más cara; aún así, el cultivo sufrió estrés y dio menor productividad”.

El precio actual del maíz, apunta Enrique Riveros, es malo, que no le hace ninguna justicia a lo que el productor enfrenta. Desgraciadamente esto se da por la gran importación de maíz blanco transgénico, que según el gobierno está prohibido, pero vemos que no está prohibido nada…desgraciadamente se prefirió voltear a ver a Estados Unidos antes que a los productores locales sinaloenses o mexicanos”.

Enrique Riveros recuerda que hace un par de meses hubo una reforma a la Constitución para la protección de los maíces nativos, donde se prohíbe explícitamente la siembra de maíces transgénicos en México. Sin embargo,

“tenemos un gobierno que está satanizando el maíz transgénico, pero que le está abriendo las puertas para su consumo y la verdad, pues no entendemos”.

Señala que se eligió dejar desprotegido al productor, buscar en otros mercados, pero a consecuencia de que no sea rentable la producción de maíz en México y dejar desamparados a los productores locales”, recalca.

Hace hincapié en que este año se empezó a importar maíz amarillo para consumo animal, pero al mismo tiempo se importó mucho maíz blanco transgénico de Estados Unidos, supuestamente para uso pecuario, pero se está desviando al mercado de la masa y la tortilla. Hay empresas buscando también este maíz transgénico blanco de Sudáfrica. “Esto es definitivamente el último clavo al ataúd del productor, definitivamente, es el desamparo total”.

Riveros Echavarría estima que las importaciones de maíz blanco hasta mayo estaban arriba de los 450 mil toneladas, cuando en un año entraban unas 300 mil. Estamos a la mitad del año y todavía se sigue importando y en junio debemos de haber superado las 500 mil toneladas.

Durante la conversación, abunda en que la gran problemática del maíz no es el precio tal cual, sino toda la logística para colocarlo en los puntos de consumo, ahí es donde termina ganando la partida y siendo más atractivo el grano de Estados Unidos. Los costos de logística y de transporte que tenemos en México son muy caros y deficientes, y en Estados Unidos son muy eficientes y baratos.

Cambiar de cultivo no ayudó

Al reducirse la superficie autorizada para siembra de maíz, los productores de Sinaloa sembraron otros cultivos de menor gasto hídrico, que necesitan menos agua, como frijol o garbanzo, con lo cual se compensó un poquito, “pero igual los frijoles tuvieron tamaños muy pequeños y hubo muy poco rendimiento”.

En frijol un buen promedio de producción es de 2 a 2.5 toneladas por hectárea y algunos productores cosecharon de 500 a 600 kilos por hectárea, por lo que hubo  un castigo en el precio porque no llegaban a los tamaños o a la calidad que demanda el comprador; igual el garbanzo no llegó a los tamaños que se requerían para para exportación y también fueron castigados en el precio y muy mermados en productividad, platica Riveros Echavarría.

Pagos pendientes del ciclo pasado

El ciclo anterior tampoco fue bueno para los agricultores sinaloenses, quienes están esperando el pago del apoyo que les prometieron las autoridades de 750 pesos por tonelada; pero metieron muchos candados y sacaron a varios de la posibilidad de recibirlos y los que estaban autorizados es hora que no les terminan de pagar.

En forma adicional, el año pasado se ofreció un apoyo de 200 pesos por tonelada para comprar una cobertura al precio, pero igual ponía ciertas condiciones, el productor tenía que pagar en forma inicial, y tendría reembolso, solo dieron tres días para inscribirse y sacaron a la gran mayoría, “y esos 200 pesos no se los han pagado a nadie”, asegura Enrique Riveros.

Para este año –refiere– hubo una oferta del secretario de Agricultura, Julio Berdegué, que le llamaba ordenamiento de mercados; le pedimos que hiciera unas adecuaciones, pero no estuvieron dispuestos a hacerlas y sencillamente en eso quedó en una propuesta.

Riveros expresa que el precio mínimo para volver a pensar en sembrar el próximo ciclo debe ser de 6 mil 500 a 6 mil 800 pesos. “Cada productor tendrá que evaluar cómo salió después de esta temporada, pero va a haber mucho agricultor que va a tener que dejar la actividad, algunos tendrán que vender maquinaria, otros incluso van a tener que vender la tierra, va a haber productores que van a perder sus casas. Todo eso va a suceder”.

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ERNESTO PEREA

Periodista especializado en temas agropecuarios y agroalimentarios. Premio Nacional de Periodismo y Divulgación Científica, otorgado por el CONACYT. En la actualidad director del portal web www.imagenagropecuaria.com Autor del libro Voces y vivencias del movimiento orgánico Ha colaborado con las revistas editadas por el Grupo Expansión. Ha sido consultor de la FAO. Brinda servicios de comunicación, información, análisis y consultoría para diversas empresas e instituciones. Correo electrónico: editor@imagenagropecuaria.com

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