Chiltepín el “oro rojo” del campo, tiene alto valor de mercado y resiliencia al cambio climático

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Al chiltepín, los científicos lo consideran el ancestro del chile, un cultivo tradicional de uso gastronómico, medicinal y en rituales, caracterizado por su alto picor, es una alternativa ante el cambio climático dada su rusticidad y resiliencia ante plagas, climas extremos, escasez de agua, sequías y heladas; pero, sobre todo, es un alimento de muy alto valor en el mercado que es catalogado como el “oro rojo” del campo mexicano.
Por la alta rentabilidad este cultivo puede ser una opción para mejorar el ingreso de agricultores en diversas regiones del país, porque un kilo de chiltepín verde cuesta 1,200 pesos, en seco alrededor de 2,500 y si se comercializa en sobres de 10 gramos a 50 pesos, se puede obtener alrededor de 4,000 pesos por kilo seco.
Por toda esta riqueza productiva y de mercado, un equipo de investigadores jóvenes y ya experimentados de la Universidad Autónoma de Chapingo (UACh), coordinados por la doctora Rita Schwentesius Rindermann, iniciaron la investigación del chiltepín (Capsicum annuum var. glabriusculum) en agricultura protegida (macrotúnel) en el Campo experimental de Texcoco, Estado de México, con acolchados bajo diferentes sistemas, riego por goteo y comparando el uso de fertilizantes convencionales y ecológicos.
En un recorrido de campo, imagenagropecuaria.com platicó con el investigador Enrique Vázquez, quien explicó que el chiltepín es una planta perenne que ha tenido un auge muy fuerte en la zona noroeste del país, Sonora, Chihuahua y Sinaloa, donde hay un amplio mercado, pero se obtiene básicamente por recolección, generando un impacto ecológico.
Los investigadores integrados en Asore, sostenibilidad y resiliencia, decidieron instalar un microtúnel experimental con chiltepín, a raíz de que un egresado de la UACh donó la planta para hacer investigaciones, porque expresaban que tenían problemas debido a que la planta tenía crecimiento muy variable, “nosotros le dijimos que el detalle es brindar condiciones óptimas, un manejo adecuado para que obtengan el mismo comportamiento y el rendimiento sea mayor”, platica el ingeniero agrónomo.
Un factor determinante para llevar el chiltepín a Texcoco es mostrar un cultivo alternativo a los productores de hortalizas, quienes en invernaderos producen básicamente jitomate, que varía mucho de precio, por lo que el ingreso es azaroso. El costo de producción de éste se eleva a alrededor de 50,000 pesos por hectárea, mientras que en el chiltepín es de entre 25,000 y 35,000 pesos. Esto con cálculos iniciales, que pueden mejorar conforme se optimice el sistema productivo.
Tomamos la decisión de introducir un cultivo rentable como el chiltepín en esta zona, porque tiene más valor que otros cultivos y existen variedades nativas que no son aprovechadas y la idea de traerlo a Texcoco es de que se produzca aquí y se consuma, porque tiene alta demanda en polvo para mariscos, aguachiles y diversas preparaciones”, subraya Enrique Vázquez.

El investigador describe las ventajas agronómicas del chiltepín, que requiere poca agua, al ser arbustos no hay que hacer podas, porque llegan a cierta altura y dejan de crecer. La planta está adaptada a climas secos y en temperaturas altas y sequías extremas, incluso puede llegar a sobrevivir a sequía prolongada. “Un ensayo que se hizo fue dejar de regar 15 días para que la planta se sometiera a estrés hídrico y ésta se comportó como si pasara nada, pero sí empezaron a madurar sus frutos; en jitomate las plantas sometidas a estrés se doblan”, explica.
Otra ventaja del chiltepín es que es resistente a enfermedades y plagas. En el macrotúnel de 500 metros cuadrados instalado por los investigadores no se registraron problemas ni de arañas, ácaros o mosca blanca, plagas a las que el jitomate es muy susceptible. Además, no ocupa tutoreo, la planta es resistente, tiene una estructura de porte que se mantiene por sí sola, no necesita hilos, nada, es rústico.
Bajo el sistema de producción en macrotúnel, la cubierta plástica ayuda no nada más para posible caída de granizo, sino en regular la temperatura para el cultivo y protegerlo ante heladas.
Los investigadores están evaluando varios tipos de acolchado –con plástico, con rastrojo y a suelo desnudo–, con un manejo racional, utilizan fertilizantes solubles pero a cantidades óptimas para que la planta no se estrese, dado que se adaptó a condiciones adversas de esta zona y si se satura con fertilizantes se estresa y no da flores. De manera preliminar, observan que el mejor comportamiento se da en acolchado plástico, mientras que el acolchado de rastrojo no funcionó tan bien, porque concentra más humedad.
Enrique Vázquez comenta que en el macrotúnel de 500 metros cuadrados la inversión en fertilizantes convencionales fue de unos 2,500 pesos, se utilizó NKS (nitrógeno, potasio y azufre), que es soluble, fósforo y microelementos; en el sistema orgánico se usaron bacterias, un consorcio microbiano, harinas de rocas, lixiviados y compostas.
“Observamos que al comparar ambos métodos de fertilización, la planta con manejo agrocológico tuvo mejor comportamiento, aunque de inicio el costo fue de 3,000-3,200 pesos, pero a la larga la ventaja es que llegará un momento donde ya no vamos a adicionar tantos productos, sino nada más para mantener la fertilidad y la microbiología del suelo”.
Para este ensayo se utiliza riego por goteo –que ahorra agua en un 80% respecto al riego rodado–, a doble cintilla y doble hilera de plantas. La distancia de siembra fue de 40 centímetros entre plantas, aproximadamente. Contrario al cultivo de jitomate se cuida que la planta no tenga exceso de humedad, sino se mantenga en rangos de 70%-60% para que tenga condiciones óptimas para su desarollo.
Proceso de germinación
Los frutos de la planta de chiltepín son bayas globosas, redondas o en forma de elipse, que miden apenas entre 6 y 8 milímetros de diámetro y que al madurar alcanzan tonos rojos. Algunos pájaros –que no tienen sensor del picor y pueden comerlo– se alimentan de él y devuelven las semillas a través de la regurgitación –que se da cuando el ave se traga el fruto y su sistema digestivo separa la pulpa de la semilla y la devuelve por la boca– o la defecación.

“Nosotros –señala Enrique Vázquez– hemos encontrado que podemos reproducir la semilla dejando que la fruta llegue a su punto, después triturar el fruto y dejar que la semilla se fermente con los mismos jugos del fruto, y de ahí podemos reproducir, sacar la semilla y germinarla”.
El proceso de germinación dura 60 días, aproximadamente. En este ciclo la siembra se hizo el 23 de marzo y el trasplante el 23 de abril. La planta empezó a dar flores a partir de los dos meses del trasplante y la cosecha comenzó a mediados de agosto, cuando se realizó el primer corte. El cálculo es que la maduración principal se vea en unos seis meses y se podrán hacer dos cortes más abundantes. “La cosecha es más complicada que otros cultivos, por el tamaño del fruto, pero una persona un día completo puede cosechar de tres a cuatro kilos”, considera el ingeniero.
El recorrido por el macrotúnel se realizó en el marco de la XLII Presentación de Trabajos de Investigación, Producción y Servicio de la UACh, donde investigador de Asore indica que se hizo una estimación en los 500 metros cuadrados, donde se pueden obtener hasta 60 kilos de chiltepín ya seco, con un valor de mercado de 150,000 pesos, “más que en el jitomate y con menos trabajo”
Respecto al grado de picor del chiltepín, Enrique Vázquez comenta que está abajo del habanero, pero es más suave. “Si uno come la fruta, a los 89 segundos empieza a hacer el efecto picante y tarda como 30 minutos, pero no genera acidez en el estómago”.
Es el primer año de investigación en chiltepín, pero los primeros datos y observaciones ya arrojan información prometedora. “Nuestra idea es seguir replicando y hacer los manejos que mejor funcionaron en forma más extensiva, para ver el comportamiento de la planta y después poderla trasladar al productor”, manifiesta el agrónomo.
Investigadores del Cinvestav refieren que el chiltepín es el progenitor de variedades como el jalapeño y serrano y que “su genoma guarda secretos evolutivos”. Los integrantes de Asore ensayan para aprovechar está riqueza genética y poner a disposición de los agricultores tecnologías alternativas para mejorar sus ingresos.



